martes, junio 23, 2009

Resumen de la temporada (2). Los jugadores

1. Bravo (9)
Fantástica temporada la del chileno. Muy decisivo en la primera mitad de la temporada, siempre mantuvo un nivel altísimo y apenas se le recuerdan errores de bulto. El Zamora, un premio justo. El único punto negativo fueron sus ausencias para jugar con la selección chilena, pero hasta eso tuvo consecuencias positivas. No sorprende que pujen por él grandes equipos. Es un portero de Primera.

2. Castillo (4)
Muy bien durante la primera mitad de la temporada (excepción hecha de su fallo en Zaragoza), fase en la que anotó uno de los mejores goles de la historia de Anoeta (ante el Huesca). En la segunda vuelta perdió el puesto cuando Lillo optó por una defensa de tres y echó por tierra todo su buen trabajo anterior con unos últimos partidos lamentables en los que demostró tener la cabeza lejos de la Real.

3. Mikel González (6)
Temporada de sufrimiento para Mikel. Su nivel, aún no siendo malo, ha estado lejos del que demostró la pasada campaña, cuando fue el mejor central del equipo. Tampoco le ha venido bien jugar escorado en la banda izquierda con la defensa de tres. Pero aún así es un muy buen defensa y ha mantenido el tipo en la mejor línea del equipo.

4. Elustondo (7)
Con tan pocos partidos jugados, quizá sorprenda la nota. Pero su comienzo de temporada fue espectacular. Se echó el equipo sobre el hombros y le hizo jugar, hasta que esa lesión de tobillo que llegó a parecer incurable le rompió la temporada. Fui muy crítico con él la pasada campaña. Me alegro de que su evolución me demostrara mi error. Un jugador vital para el futuro de la Real.

5. Markel Bergara (4)
La evaluación a Elustondo de hace un año bien se podría aplicar a Markel en éste. Llamado a liderar el centro del campo realista, no consiguió en ningún momento de la temporada ser ese referente, ni defensiva ni ofensivamente. Pasó por muchos partidos sin que se supiera que estaba en el campo. Lo mejor, que ha roto la dinámica de lesiones de años anteriores, a pesar de acabar la campaña en la enfermería. Veremos en el futuro.

6. Labaka (6)
A buen nivel durante casi toda la temporada, excepcional cuando está bien acompañado y cuando entiende lo que sabe hacer y lo que no. Sigue pareciendo peor de lo que es cuando los defensas a su lado no lideran el sistema, pero ha mejorado bastante ese aspecto durante la temporada. Ha sido el central más utilizado del equipo. Sus dos goles confirman que es un defensor del que se puede sacar partido también en ataque.

7. Gerardo (6)
La entrega de Gerardo es indiscutible. Será mejor o peor futbolista, pero siempre está comprometido con la causa. Ha alternado el lateral derecho con un puesto en el centro del campo cuando Lillo optaba por una defensa de tres. Es más que probable que no la consiga, pero se ha ganado la renovación por comportarse siempre como un auténtico profesional. Y como premio de consolación, nuestro reconocimiento.

8. Marcos (7)
Un final de temporada algo gris no puede ocultar su gran temporada. Muy importante desde la banda izquierda, ha dado numerosas asistencias de gol (su mejor día, ante el Xerez, dio a Abreu los tres goles del partido) y se compenetró a la perfección con Xabi Prieto en sus mejores momentos de la campaña. Quizá podría haber metido más goles (convirtió cuatro). Ojalá pudiera continuar con una nueva cesión, aunque parece complicado.

9. Díaz de Cerio (6)
Llevaba cuatro goles en once partidos cuando su pierna se hizo añicos en el partido ante el Eibar. Hasta ese instante, estaba confirmando lo que apuntó la temporada pasada, que podía ser el goleador de la Real en Segunda, aunque también es verdad que pudo anotar algún tanto más de los cuatro que llevaba. No quiso renovar porque, dijo, este equipo no era la mejor opción. Estaba llamado a ser una estrella txuri urdin y no le echaremos de menos. Él verá por qué.

10. Necati (3)
El turco confesó que ésta había sido la peor temporada de su vida, y pese a todo Anoeta le adora. Un solo gol es un registro nefasto para un delantero que venía con fama y números de goleador. Comprometido y con detalles de clase, sí, pero la frontera del éxito y el fracaso en un delantero está en su cifra anotadora. Y la de Necati, por mucho que Lillo pareciera no confiar del todo en él, no es mala. Es sencillamente horrenda.

11. Aranburu (6)
Temporada de altibajos para el capitán. Las muchas lesiones en el centro del campo le llevaron a ocupar todas las posiciones imaginables. Encontró su mejor rendimiento jugando en la mediapunta, y sufrió lo suyo algo más retrasado al no tener una buena referencia a su lado. Cinco goles es una muy buena cifra para él (supusieron nada menos que trece puntos). Por muchas críticas que reciba, es un jugador importante.

13. Zubikarai (9)
Una de las mejores noticias de la temporada. A pesar de los muchos goles encajados en el tramo final y su expulsión ante el Levante, hizo grandes partidos con paradas de antología cuando le tocó suplir a Bravo (su mejor día, ante el Nastic en Anoeta). Si el debut de un canterano ya es una alegría, mucho más si se trata de un portero que, además, ha sufrido tanto para llegar al primer equipo. Un valor seguro para el futuro.

15. Ansotegi (8)
Magnífica temporada la suya, erigiéndose en el mejor defensa del equipo. Y eso merece ser destacado, puesto que si algo ha funcionado en la Real esta temporada ha sido la línea de atrás. Ha mandado como nunca y ha cortado casi todo lo que le ha llegado, dándole igual si estaba en una defensa de tres o de cuatro. Su gol ante el Salamanca fue un bonito premio para su gran nivel.

16. Dramé (-)
Pasa a la historia como el prototipo de jugador de fuera que nunca debe llegar a la Real. Todavía no sabemos para qué se le fichó. Lillo no le utilizó ni teniendo sólo doce jugadores del primer equipo, tuvo lesiones fantasma y deja la sensación de que algo no nos han contado sobre él. Jugó dos partidos completos, uno en Liga y otro en Copa, y tampoco pareció tan malo como para no entrar más en el equipo.

17. Moha (5)
El marroquí deja una sensación de decepción. Se esperaba más de un jugador que ha estado tantos años en Primera. Voluntad ha demostrado toda la del mundo, pero no le salían las cosas. Deja el golazo anotado en Tarragona ante el Nastic y poquito más. No fue competencia real para Marcos aunque estuvo en más de 30 partidos, una veintena de ellos como titular.

18. Abreu (8)
Al igual que a Necati, al goleador se le mide por sus goles. Y Abreu, llegando en el mercado invernal, marcó once en 18 partidos. Una cifra magnífica que incluso podría haber sido mayor y que, por desgracia, no aportó a la Real el salto de calidad que esperaba en la segunda vuelta. No es un jugador que presione ni de equipo, lo suyo es el remate final. Y en eso sobresalió. Por mucho que Anoeta no tuviera con él paciencia alguna y le despidiera con algunos pitos.

19. Diego Rivas (8)
Este es el Diego Rivas que muchos esperaban ver en Primera cuando Bakero le fichó por tres millones de euros. La decepción de aquella temporada se ha tornado en la alegría en esta. Sabe lo que puede que hacer y lo hace bien. No es un portento de técnica, pero es un buen apoyo para el centro del campo creador. Terminó la temporada a gran nivel y demostrando incluso que tiene llegada al área. Si sigue, puede ser importante para ayudar a los jovenes mediocentros de Zubieta.

20. Carlos Martínez (5)
El jugador que mejor ha demostrado que la segunda temporada siempre es la más difícil para un canterano. Le ha costado entrar en el equipo y tener continuidad, por la competencia de Gerardo, por alguna inoportuna lesión y por el sistema de tres defensas. Puede no tener mucha calidad pero es capaz de jugar hasta cojo y aporta fuerza y entrega ilimitadas. Terminó jugando de central, puesto que le viene grande.

22. Estrada (3)
Absolutamente intrascendente durante toda la temporada. Es el centrocampista que menos ha contado para Lillo (sólo ocho partidos de titular) y cuando ha saltado al campo ha demostrado por qué. También ha podido sufrir ese síndrome de la segunda temporada. El futuro está en su mano, es él quien debe dar el salto de calidad, como ha hecho Elustondo por ejemplo, si quiere tener un papel importante en este equipo.

23. Sergio (6)
Las lesiones han impedido ver el verdadero nivel de Sergio. Sufrió dos, ambas muy inoportunas y cuando mejor estaba jugando (y haciendo jugar al equipo desde la mediapunta). Es un jugador muy interesante, habida cuenta de que llegó sin pagar un euro. Marcó tres goles, dos de ellos de falta directa, una suerte en la que la Real suele estar muy huérfana.

24. Xabi Prieto (6)
Es el mejor jugador de toda la Segunda División, pero le sigue faltando algo. Cuando demuestra su calidad, no hay nadie que le pueda parar, y por eso debiera ser mucho más decisivo de lo que en realidad es. Cuatro goles y un puñado de asistencias parece poco para él y debemos exigirle mucho más, pero hay que reconocer que el equipo notó muchísimo su baja cuando fue cazado por el Murcia y cuando nos había ilusionado con su mejor fútbol. Inolvidable la prietinha al Zaragoza.

26. Agirretxe (9)
El jugador que más ha evolucionado durante la temporada y, probablemente, el mejor. Sus nueve goles (uno cada 132 minutos, cifra de crack) le convierten en la revelación de la campaña, pero todo lo que hace sobre el campo le catapulta más allá, le asegura un lugar en el futuro más brillante de la Real. Da gusto ver su entrega y siempre da la sensación de peligro. Es muy bueno y puede ser aún mejor. Cuidémosle.

27. Viguera (-)
Una lesión de rodilla impidió que tuviera más minutos en el primer equipo, aunque Lillo tiró de él al final de la temporada. El año que viene estará desde el inicio.

28. Ros (7)
Lillo quiso hacerle debutar desde la pretemporada y las lesiones al final le dieron la excusa perfecta para hacerlo. Todavía con edad juvenil (hará la pretemporada con el primer equipo, pero puede que se quede en el Sanse), fue un soplo de aire fresco en el triste final de la temporada. Sabe jugar al fútbol.

30. Toño Ramírez (-)
La injusta expulsión de Zubikarai ante el Levante le dio la oportunidad de debutar. Y lo hizo muy bien, al igual que en la última jornada. La portería está muy bien cubierta, aunque se venda a Bravo y Riesgo.

31. Sarasola (-)
Dos años después de su debut, tuvo la oportunidad de volver al primer equipo. Si Castillo se va finalmente de la Real, la banda izquierda será suya. Y aunque no se vaya, es probable que también sea capaz de adueñarse de ella.

33. Zurutuza (-)
Un único partido sobre el campo, en el que dejó detalles interesantes. Lillo le incluyó en nueve convocatorias.

35. Sio (-)
Sólo dos partidos en el primer cuarto de la temporada, en los que apuntó buenas maneras. Sorprende que Lillo no le utilizara más.

lunes, junio 22, 2009

Resumen de la temporada (1). Demasiadas piedras en el camino

¿Ha sido un fracaso la temporada de la Real? No corramos el riesgo de dar una respuesta apresurada, porque la contestación a esta pregunta es de todo menos fácil. Por Historia, por nombre, por prestigio y por estructura, la Real debe estar en Primera División. Y por eso siempre que esté en Segunda será un fracaso no ascender a la máxima categoría del fútbol español. Pero han pasado tantas cosas en los últimos nueve meses que parece difícil que ese ascenso se pueda considerar una exigencia ineludible para la plantilla que ha caminado por la división de plata durante esos meses. Han sido demasiadas las piedras que se ha encontrado el equipo en su camino. Un camino duro, tortuoso, en el que el conjunto txuri urdin no ha desplegado el juego que apuntaba en los primeros pasos, eso está claro, pero en el que las circunstancias (sobre todo en forma de lesiones y arbitrajes perniciosos) han ido mermando la capacidad que tenían los realistas.

La Real fue un equipo que no consiguió hacer de su casa un fortín, que no terminó de imponer su fútbol, que pese a todo pareció mejor que el rival casi siempre e independientemente del resultado y del juego desplegado en cada partido, que tuvo severos problemas para anotar goles. A cambio, dio una gran imagen y logró resultados de ascenso fuera de casa, demostró personalidad para sortear las piedras en el camino y levantarse de los golpes, se sacó rentabilidad a una plantilla muy corta y se mantuvo muy viva la ilusión en la lucha por el ascenso hasta el mes de febrero. Después, la Real sólo pudo luchar por seguir a una distancia que siempre pareció salvable a poco que fallaran los demás, pero que nunca se conseguía recortar... porque los demás no fallaban. Las lesiones, los malos arbitrajes y los propios defectos del juego realista (no necesariamente por ese orden, que cada cual decida qué fue más decisivo) fueron una sola demasiado grande como para entrar entre los tres primeros.

Durante toda la temporada pasada, el debate pareció estar centrado en si la plantilla tenía la suficiente calidad como para acometer el asalto a las tres primeras posiciones, y quedó la sensación de que muchos pensaban que no. Aquel equipo perdió el ascenso por dos minutos inverosímiles en Vitoria. Y de aquel equipo salieron nada menos que 14 jugadores (Riesgo, Gari Uranga, Garitano, Delibasic, Novo, Skoubo, Martí, Vaughan, Víctor López, Larrea, Stevanovic, Nacho, Víctor y Fran Mérida) para afrontar el segundo intento de subir a Primera. A cambio, y debido a las apreturas de estar el club inmerso en un proceso concursal, apenas llegaron la mitad, siete (Marcos, Necati, Zubikarai, Dramé, Moha y Sergio, con Abreu en el mercado invernal). Quizá sea éste el argumento esencial para debatir si el ascenso era o no una exigencia ineludible para la Real de la temporada 2008-2009 o, al menos, para calibrar la justicia de las opiniones que puedan expresarse sobre este asunto.

A pesar de estos problemas deportivos y económicos, la Real comenzó la temporada de fábula. Una victoria solvente como local ante Las Palmas, una maravillosa eliminatoria de Copa ante el Zaragoza, una remontada de prestigio en La Romareda y un baño a un Murcia con el que Javier Clemente aspiraba a subir a Primera, colocaron a la Real en puestos de ascenso. Parecía que esta sí iba a ser la temporada de la Real. Pero ahí comenzaron a torcerse las cosas, con la aparición de los dos grandes enemigos que ha tenido el conjunto txuri urdin a lo largo de la campaña: las lesiones y los arbitrajes. Xabi Prieto cayó ante el Murcia víctima de su juego violento. Dos meses y medio de baja por una entrada que ni siquiera supuso la expulsión de Capdevila. Peor fue lo de Elustondo dos semanas después: un esguince de tobillo y uno posterior de rodilla le dejaron K.O. durante casi nueve meses. El juego de la Real comenzó a resentirse y la fantasía inicial tuvo que dejar paso a nuevas soluciones sobre el campo.

En Alicante, ante el Hércules, la Real encontró a su segundo enemigo, uno que ya no le abandonó en toda la temporada y que hizo acto de presencia con más fuerza en los momentos más decisivos. Hernández Hernández pitó un inexistente penalti y lo mandó repetir sin motivo cuando Bravo lo paró. Así comenzó el carrusel de arbitrajes nefastos, arrogantes e incompetentes que privaron a la Real de demasiados puntos. La visita del Castellón dejó un gol legal local mal anulado y un gol ilegal visitante validado, en Tarragona el Nastic se benefició de un árbitro que no dejaba de pitarle faltas inexistentes al borde del área, ante el Eibar una fractura de tibia y peroné en la pierna de Díaz de Cerio no fue ni falta, ante el Alicante se fueron al limbo dos clarísimos penaltis y otro gol legal, en Albacete valió un gol en fuera de juego anotado por un jugador que debió ser expulsado antes e impidió el empate, la imposible expulsión de Markel Bergara en Las Palmas, la permisividad para reincidir en faltas sin ver la segunda tarjeta amarilla que tenían otros jugadores rivales como el rayista Diamé... Y todo esto sólo en la primera vuelta.

Pese a todo, la Real llegó viva al ecuador del campeonato, a tan solo tres puntos de los puestos de ascenso. El equipo de Lillo había sobrevivido a la lamentable actuación de los árbitros y a severos problemas de lesiones, de juego (Lillo transformó el ideal de juego para adaptarlo a los jugadores que podía poner sobre el césped, y el resultado fue una Real más defensiva y menos contundente) y de anotación (Díaz de Cerio siguió siendo el máximo goleador del equipo varios meses tras su lesión). Anoeta se había acostumbrado a ver victorias y derrotas por la mínima y muy poco fútbol, pero seguía pensando que el ascenso era posible. Hasta la visita del Zaragoza. Ese día, la Real tendría que haber dormido en la segunda posición, y habría acabado tercera la jornada. Pero, una vez más, el árbitro lo impidió. Una perfecta salida de Bravo a los pies de un delantero zaragocista acabó convertida en penalti. El asistente le dijo a varios jugadores de la Real que no se había producido infracción alguna. Pero se pitó. Y el Zaragoza empató. Era el minuto 90 del partido y el colegiado, Bernabé García, todavía tuvo tiempo de privar a la Real de un claro penalti a favor. Aunque entonces todavía no lo sabíamos, ahí se esfumó la última posibilidad de entrar en los puestos de ascenso.

El mazazo sufrido ante el Zaragoza, un rival directo en la lucha por el ascenso, fue en realidad el primero del que el equipo no pudo recuperarse. Hasta ese momento, la Real había respondido mejor cuanto peor estaban las cosas. Cada partido que era un aviso de quedarse a demasiada distancia de los tres primeros encontraba una buena respuesta del conjunto txuri urdin (como la victoria ante el Salamanca, entonces líder de Segunda), pero cuando tenía la oportunidad de recortar distancias por los errores de los demás o incluso meterse en los puestos de ascenso, fallaba de forma triste. Triste fue, en la primera vuelta, la derrota ante el Sevilla Atlético (el peor colista de la Segunda de 22 equipos, que sólo ganó otro partido además de ese en toda la temporada) o la lamentable eliminación copera en Vigo ante el Celta cuando se había recuperado la ilusión en el torneo del K.O. en la primera ronda. Pero aún así hubo vida hasta el partido del Zaragoza.

Tras ese durísimo golpe, llegaron tres derrotas consecutivas (Murcia, Hércules y Alavés; especialmente dolorosa la de Vitoria, en el mismo escenario en el que el sueño de volver a Primera quedó hecho añicos hace ahora un año) que dejaron a la Real a una considerable distancia del ascenso, entre siete y nueve puntos, que el conjunto de Lillo ya no pudo recortar ni siquiera con un magnífico tercer cuarto de la temporada. De 36 puntos posibles, el equipo txuri urdin sumó nada menos que 27, comenzando con cuatro victorias consecutivas. No sólo fue la mejor racha de la temporada, sino que en ellas incluyó la goleada ante el Xerez, líder entonces y campeón de la categoría al final. Abreu ya había llegado al equipo y parecía que sus goles podían devolver a la Real a la lucha por el ascenso. Pero no fue así por el ritmo infernal marcado por los de arriba. Ha sido el ascenso más caro de la historia de la Segunda de 22 equipos, y eso también hay que tenerlo en cuenta a la hora de valorar si ha sido un fracaso no subir.

La temporada terminó para la Real en Salamanca. Allí, con numerosísimas bajas, ganó su tercer partido consecutivo pero seguía a ocho puntos del tercer clasificado con sólo nueve por jugar. Misión imposible. Y la pelea acabó. El equipo que trató de levantarse ante todos los golpes que recibió a lo largo de la temporada con un espíritu encomiable, tuvo que claudicar con demasiadas jornadas por delante (tres, las opciones matemáticas desaparecieron con la derrota en casa ante el Córdoba). La Real ofreció una triste imagen para cerrar el ejercicio, con la mayor goleada en contra de los últimos tres años (4-1 en Vallecas) y tres jornadas sin ganar, aunque se acabó con victoria y con la sensación de que el Sanse ofrece mucho futuro. La distancia final con respecto a los puestos de ascenso, 14 puntos, no refleja lo que sucedió durante la temporada. La Real estuvo lejos de subir, sí, pero no tanto. Y eso también hay que saber valorarlo. Poniendo todo esto en una de las pesas de la balanza y el hecho de que habrá una tercera temporada en Segunda, se obtendrá la valoración de cada cual para la temporada. Yo no creo que fracaso sea la palabra.

sábado, junio 20, 2009

ELCHE 1 - REAL SOCIEDAD 2 El futuro ha empezado hoy

Algunos pensaron que el partido de hoy no servía para nada. Algunos decidieron que hoy no hacía falta estar. Pero se euivocaron. Para la Real siempre hay que estar, pero además de eso hoy ha empezado el futuro de la Real. Hoy ha debutado un jugador del Sanse, Alain Eizmendi, y ha estado bien. Hoy han jugado once jugadores de la cantera realista, más Gerardo, Moha y Marcos. Hoy ha marcado Agirretxe su noveno gol de la temporada, confirmándose como el delantero de referencia de la Real 2009-2010, la que buscará por tercera temporada consecutiva el regreso al lugar que le pertenece. Hoy ha marcado Elustondo, en su regreso al once titular después de nueve meses de lesión, y ha aguantado sobre el césped los 90 minutos. Hoy había realistas en la grada del Martínez Valero, a pesar de ser un sábado por la tarde, a pesar del calor infernal que ha reinado hoy en toda la península y a pesar de que en el partido no había gran cosa en juego, y siguiendo otros muchos escuchando la radio porque no la televisión hemos tenido para despedir la temporada. Y hoy ha ganado la Real. Hoy ha empezado el futuro.

Lillo se despidió de la Real siendo fiel a sus principios. Su última Real salió con defensa de tres, con Carlos Martínez y Castillo en las bandas y Mikel González por el centro (Ansotegi le sustituyó en la segunda parte; ambos viajaron tras arrastrar algunas molestias durante la semana). Por delante, Agirretxe fue el delantero titular. Y marcó su noveno gol. Con Abreu en Grecia firmando con su nuevo equipo y Necati en Turquía y diciendo adiós de la peor manera posible, borrándose del partido, que el canterano anotara un gol, otro más, el noveno de la temporada, es una grandísima noticia. Por encima de que el partido fuera una jornada de exhibición de carácter oficial. Agirretxe marcó el primero, el gol del empate, y Elustondo redondeó el marcador con el segundo, en el último minuto, ese minuto que tan fatídico ha sido para la Real esta temporada. Que marque él es un signo positivo. Otro más de los que dejó el partido de hoy. Y el comienzo del futuro.

Aunque el partido hay que entenderlo en clave de futuro, porque mañana llega Martín Lasarte, hoy dirigía a la Real Juanma Lillo. Y el técnico se va del equipo con una victoria, coronando unos números que no se pueden considerar malos pero que no han servido para devolver a la Real en Primera. El último partido de Lillo no pasará a la Historia, nadie lo va a recordar porque no había nada en juego sobre el Martínez Valero. Absolutamente nada. Pero Elche y Real Sociedad quisieron ofrecer un espectáculo decente para cerrar el ejercicio y protagonizaron un partido abierto. Pero el conjunto txuri urdin fue mejor durante los 90 minutos, es mejor que el Elche sobre el papel, y la victoria fue muy merecida. Incluso cuando el Elche se adelantó en el marcador el mejor equipo estaba siendo el realista. La remontada también hay que colocarla en la columna de los detalles positivos, porque a esta Real remontar los partidos en los que ha ido por debajo en el marcador le parecían tareas titánicas.

También hay que destacar, con el broche que supone la victoria en Elche, la trayectoria del equipo fuera de casa. Es verdad que en Anoeta se han producido los partidos más extraños, los acontecimientos que más han restado puntos y confianza a la Real, pero lo que deja la estadística es que el conjunto txuri urdin ha sumado más puntos como visitante que como local. Y aunque mucha gente piense que el partido era intrascendente, hoy la sensación sería distinta si la Real hubiera perdido. De haber perdido, hoy los aficionados realistas estarían desprotricando sobre sus jugadores, lamentando este largo y triste final de temporada. Pero hoy los realistas podemos decir que hemos terminado ganando, que ha marcado Agirretxe, que ha regresado con fuerza Elustondo y que el futuro (Toño Ramírez, Javi Ros, Borja Viguera y Alain Eizmendi) ya está aquí. Ha empezado hoy.

Bravo no fue de la partida, ni tampoco Cobeño jugó en el Rayo-Zaragoza, con lo que el único elemento de emoción que podía tener la tarde desapareció antes de empezar. El Trofeo Zamora no se jugó sobre el campo en la última jornada. El otro elemento de interés era la posición final de la Real en la clasificación. Y a pesar de no conseguir la victoria, aseguró la sexta plaza, gracias a que Las Palmas, el último equipo en asegurar la permanencia en Segunda, empató en el campo del Levante. Está claro que la Real tiene su sitio en Primera División, que el ascenso es un objetivo irrenunciable para este equipo sean cuales sean las circunstancias, pero tampoco es fácil llegar a donde ha llegado el conjunto de Lillo con la cantidad de circunstancias adversas a las que ha tenido que hacer frente.

Se cierra una triste temporada, pero se cierra con una leve sonrisa en la cara. Nada había que ganar, sólo un partido. Un partido que, si juega la Real, tendría que preocuparnos a todos mucho más. Hoy parece que no era así, que no había demasiada gente pendiente de lo que hacían hoy los jugadores con la camiseta txuri urdin. Y la Real siempre se merece la atención de los realistas. Porque si las cosas van bien la próxima temporada, será inevitable pensar, al menos para mí, que el futuro empezó en Elche. Cuando uno de los jugadores que debía habernos llevado a Primera esta temporada regresó con un gol. Cuando el delantero de casa que tiene que suplir al máximo goleador de la pasada temporada anotó su noveno tanto. Cuando el Sanse dio un golpe sobre la mesa y, a pesar de su descenso a Tercera, advirtió de que hay jugadores que merecen vestir la camiseta de la Real. Cuando Lillo dijo adiós a la Real, dejando un equipo mucho más fuerte que el que cogió, aunque el técnico no quiera colgarse medallas. La Real ganó en el primer encuentro de su futuro. Mañana será otro día.

viernes, junio 19, 2009

PREVIA Elche - Real Sociedad. Con Elustondo y por Bravo

Despedida y cierre en Elche a la segunda temporada de la Real en Segunda (sábado, 18.30 horas, Martínez Valero, sin televisión). Ante la absoluta falta de tensión que hay ante el partido, la misma que se vio en las tres jornadas anteriores (y que la ha costado a la Real descolgarse del tercer puesto hasta una distancia que no refleja lo que ha sido la temporada), el mayor punto de interés está en el regreso de Elustondo al once inicial. Lillo confirmó que será de la partida y estará en el campo hasta que le aguante el físico. El otro foco de atención es el trofeo Zamora que se disputan Claudio Bravo y el rayista Cobeño. Por lo demás, este partido sólo presenta el aliciente de defender la camiseta de la Real, para algunos por última vez. Como si eso fuera poca cosa.

Elustondo y diez más. Ese es el punto de partido de la alineación que presentará Juan Manuel Lillo en su último partido como entrenador de la Real Sociedad. Un partido ante el que, para no variar la costumbre de toda la temporada, tendrá una larguísima lista de bajas. Por sanción no podrán estar Labaka, Estrada y Zubikarai (en la última de los comités, que ratifican una redacción del acta arbitral que un ciego vería que no se corresponde con la realidad). A ellos hay que sumar a los lesionados Díaz de Cerio, Aranburu, Dramé, Sergio, Markel, Diego Rivas y Abreu, además de Necati. Esto quiere decir que el técnico txuri urdin apenas cuenta con diez jugadores para afrontar su despedida del equipo, a los que habría que sumar a Agirretxe. Para completar la convocatoria, Lillo ha llamado a siete hombres del Sanse: Ramírez, Sarasola, Camaduro, Ros, Zurutuza, Viguera y el debutante Alain Eizmendi.

Elche vivirá unas cuantas despedidas. Lillo cierra su ciclo, y de los jugadores que se han desplazado a tierras alicantinas se sabe que Moha disputará sus últimos minutos de txuri urdin, como probablemente será el caso de Marcos y es posible también que de Gerardo. Necati no se despedirá de la Real sobre el campo, ya que ha regresado ya a Turquía con permiso del club. Y de Castillo queda la incógnita, puesto que el jugador ya ha dicho que no quiere seguir en Segunda pero, al ser menor de 23 años, la Real tiene la opción de renovarle si no paga por la cuantía fijada por los derechos de formación. El partido cierra el pasado de la Real e inaugura también el futuro. Especial ilusión hará ver la pareja formada por Ros y Elustondo, a Viguera en ataque con Agirretxe o alguno de los demás potrillos que forman parte de la convocatoria.

Claudio Bravo, en el punto de mira de importantes equipos de Primera, ha viajado con el equipo a pesar de haber regresado con molestias físicas de sus dos partidos con la selección chilena. Lo que no se sabe es si jugará, el mismo dilema que tiene el ayo Vallecano con Pepe Mel. Si ninguno de los dos jugara, el Trofeo Zamora tendría dos ganadores puesto que los porteros de Real Sociedad y Rayo tiene el mismo coeficiente y han jugado el mínimo de partidos exigidos. Si ambos jugaran y no encajaran gol, el galardón sería para Bravo. Es el meta realista quien más se juega en Elche, ya que la Real sólo aspira a mantener la sexta plaza que ahora mismo tiene en la clasificación. De ganar, es suya. Si empata o pierde, ya tendría que mirar lo que hacen el Levante ante Las Palmas y el Castellón en Tenerife. Los valencianos están un punto por detrás de la Real y los castellonenses dos. Ambos equipos tienen el average particular perdido con el conjunto txuri urdin.

La Real ha visitado Elche en quince ocasiones y no se puede decir que sea una ciudad que le dé muy buena suerte, puesto que apenas ha vencido en tres de esos enfrentamientos, todos ellos en Primera División. Fue en las temporadas 70-71, 73-74 y 77-78, y en las tres ocasiones se produjo el mismo resultado: 1-2. La peor goleada recibida allí por el conjunto txuri urdin tuvo lugar en la campaña 67-68, la del regreso a Primera tras el ascenso a Puertollano, cuando el resultado fue un contundente 5-0. A pesar de no ser una plaza muy propicia, la Real no pierde allí desde la temporada 76-77. Sus tres últimas visitas en Primera se saldaron con una victoria (1-2 en la 77-78 con goles de Diego e Idígoras) y dos empates a uno (en la 84-85 marcó Uralde y en la 88-89 lo hizo Fuentes).

El único precedente en Segunda División tuvo lugar la temporada pasada. Ya con José Ramón Eizmendi en el banquillo, la Real realizó probablemente el mejor partido de la temporada. Y, caprichos del destino, no consiguió la victoria. Un conjunto txuri urdin vestido de verde y amarillo dio una auténtica exhibición de fútbol en el Martínez Valero, supero al Elche en todas las facetas del juego y tuvo infinidad de ocasiones de gol. Willy Caballero, portero del equipo local, se convirtió en el héroe del encuentro. Entre las muchas ocasiones que se fueron al limbo, un gol legal mal anulado a Víctor por un fuera de juego que no existió. La Real mereció los tres puntos, pero sólo se llevó uno, lo que sacó momentáneamente al equipo donostiarra de los puestos de ascenso.

En la primera vuelta, Real Sociedad y Elche empataron a cero. Para seguir la tradición, el mejor jugador del partido fue Willy Caballero. No es que tuviera que hacer frente a un vendaval txuri urdin como un año antes en Elche, pero hizo dos intervenciones prodigiosas a sendos cabezazos de Labaka y Abreu. El uruguayo debutó aquel día con la Real y fue recibido con una gran ovación (cómo han cambiado las cosas seis meses después). El malísimo colegiado González González, sin hacer un atropello de los suyos, sí dejó sin señalar un penalti cometido sobre Agirretxe. El conjunto de Lillo no consiguió crear demasiadas situaciones de gol, pero fue el único equipo que pudo llevarse la victoria. De haberla conseguido, habría entrado en puestos de ascenso. Pero ésta fue una nueva oportunidad perdida para dar el salto de calidad necesario para soñar con el ascenso. Entonces todavía había esperanza.

jueves, junio 18, 2009

Los sotanos del fútbol español

Hace unas cuantas semanas, cuanto la Real todavía miraba hacia arriba en la clasificación con alguna leve esperanza de llegar a las tres primeras posiciones, Juanma Lillo se mostró extrañado por el hecho de que esta temporada apenas hubiera surgido rumores sobre las primas a terceros o los amaños de partidos, asunto que la pasada campaña copó buena parte de nuestro tiempo y nuestra atención en las jornadas finales de la competición (y que coleó con fuerza hasta los primeros meses de la temporada que termina este fin de semana). Pocos días después, se publicó que la propia Liga de Fútbol Profesional había advertido a la Real (se supone que también al resto de equipos implicados en la lucha por el ascenso) de que tenía noticias de que el Zaragoza había pagado a más de uno de sus propios rivales con el fin de que se dejara ganar. La noticia no generó ningún tipo de escándalo. Casi se habló más de las denuncias al Real Unión, equipo al que se ha acusado de hacer lo mismo para subir a Segunda, que de este asunto que salpicó el ascenso a Primera.

La única conclusión posible sobre esto, y más con la experiencia vivida hace un año, es que el fútbol español está podrido y quienes manda en él prefieren que siga siendo así y que quienes consumimos con devoción el espectáculo sigamos sin saber nada. El fútbol español tiene unos sotanos insonsables en los que se oculta miseria, corrupción y, por lo visto, mucho dinero. Había quien pensaba que el objetivo de las últimas cuatro jornadas debía ser quedar para la Real lo más arriba posible, no fuera a ser que esta vez se actuara contra un hipotético tramposo (y también por esas otras trampas, las económicas, las que permiten a determinados clubes vivir endeudados hasta las cejas cuando otros tenemos que penar en procesos concursales). Pero por desgracias ese es un planteamiento algo ingenuo porque jamás se va a encontrar un caso tan claro como el que expuso la Real el año pasado. Iñaki Badiola no sólo lanzo acusaciones, sino que consiguió pruebas de que algo raro había. La Justicia, no obstante, ha decidido archivar el caso. Eso sucedió la semana pasada.

Es gravísimo que se compren partidos. Es igual de grave, reglamento en mano, pagar a un equipo para que venza a uno de tus rivales como comprar a tu propio rival para que no haga todo lo posible sobre el césped. Dejémonos de hipocresías. No hay primas buenas y primas malas. Las dos son ilegales. Podemos mantener todo el debate ético que se quiera, pero el legal, que al final es el que importa, no tiene discusión alguna. ¿Que se quieren aceptar las primas por ganar? Que se legalicen, que para eso se reúnen todos los clubes en Asamblea antes de iniciar la competición. Mientras no se cambien, son ilegales, no se pueden pagar y no se pueden aceptar. Son, además, dinero negro, lo que en condiciones normales tendría que constituir un delito contra la Hacienda pública. Es triste ver que cada temporada aparecen jugadores de distintos equipos admitiendo abiertamente la existencia de estas primas (por ganar; por perder sólo uno lo admitió, Jesuli ante Iñaki Badiola, y al ver la que había armado rápidamente se retractó), pero mucho más triste es que nadie haga algo.

Hacienda podría investigar a los clubes sobre los que hay sospechas de que mueven dinero negro con oscuros fines, pero no lo hace. La Secretaría de Estado para el Deporte podría implicarse para limpiar el fútbol, pero no lo hace. La Federación Española de Fútbol y la Liga de Fútbol Profesional podrían imponer sanciones a quienes no cumplen las normas que ellos mismos imponen a los clubes participantes en las competiciones, pero no lo hacen. Los clubes podrían ser nobles, asumir que están en una competición deportiva en lugar de un mundo económicamente viciado, pero no lo hacen. Los jugadores podrían comportarse como profesionales y denunciar a los tramposos, pero no lo hacen. Nadie hace nada. Y si algo me parece sangrante es que la Liga avise a los clubes de estas irregularidades, diciéndoles también que es muy difícil actuar y probar el pago de primas. Es como si la Policía llama a un ciudadano para decirle que van a robar en su casa pero que ellos no pueden hacer nada. No se puede si no se quiere.

Hay un factor más que se suele utilizar en este debate: el apoyo de los nuestros. Usando como ejemplo lo sucedido el año pasado, se suele decir que la prensa de Gijón apoyó incondicionalmente al Sporting y que la de Málaga hizo lo mismo con su equipo. Por contra, todos sabemos que la prensa donostiarra no hizo lo propio con la Real. Es triste que algunos consideren que su beneficio esté por encima del que pueda conseguir el equipo txuri urdin (que a nadie se le olvide que una sanción al Málaga por este asunto hubiera supuesto el ascenso administrativo para la Real), pero reconozco que este ángulo de la historia me es indiferente. Si algún día se descubriera que la Real ha comprado rivales, la sanción tendría que ser la misma que para cualquier otro. Yo no voy a ocultar nada, como sí parece que se quiso (y se consiguió) hacer en otros sitios. Yo quiero que la Real gane en el campo. Fuera de él, ni quiero ganar ni quiero que me ganen. Quiero que se cumpla la Ley.

Este año, la Real no ha sido el equipo más damnificado por estas prácticas a las que todo el mundo dota de tanta verosmilitud que me parece impensable tener que referirme a ellas como "supuestas". El Hércules es el cuarto clasificado de la Segunda División y el primer equipo que no ha podido celebrar el ascenso. Quizá de esta forma evite que me considere oportunista por escribir lo que acabo de escribir quien el año pasado pensara que hablaba de forma interesada al denunciar las prácticas que se achacaban al Málaga. Este año la Real no obtendría beneficio alguno de una sanción, tan ejemplar como justa si se investigara y demostrara algo, a un club tramposo. Pero me sigue pareciendo escandaloso que nadie actúe. Igual de escandaloso que el año pasado. Y hay que decirlo, porque algunos, los que seguimos ilusionados por ver a nuestro equipo jornada tras jornada, queremos mantener la sensación de que estamos viendo un deporte cuyos vencedores se dirimen en los terrenos de juego. En los despachos, sólo cuando haya tramposos.

domingo, junio 14, 2009

REAL SOCIEDAD 1 - LEVANTE 1 Y Anoeta no se quiso mojar

Quizá lo más relevante que ofrecía el partido de hoy era conocer el juicio de Anoeta. Pero hoy Anoeta no ha dictado un veredicto claro. No ha querido hacerlo. La asistencia ha sido escasa, la más baja de toda la historia del recinto donostiarra (aunque tiene mérito y merece un aplauso sincero que casi 10.000 personas fueran hoy a ver el partido) la nefasta actuación de un árbitro sencillamente horrible ha desviado algo la atención. El público ha despedido al equipo correspondiendo a los aplausos que los jugadores han lanzado a la grada. El único jugador realista que ha escuchado música de viento ha sido Abreu. El uruguayo marcó hoy su undécimo gol, es el máximo anotador del conjunto txuri urdin, y aún así ha sido el único que ha visto reproches a su trabajo, algo que tiene un matiz de injusticia. Al margen del árbitro y de Abreu, la afición ha mostrado una gran indeferencia y ha dejado el juicio para otra ocasión. ¿Cuánto hay de cansancio por el pasado y cuánto de mirada hacia el futuro?

Poco margen tenía Lillo a la hora de hacer su alineación, y apenas hubo sorpresas. Como se esperaba, un potrillo tuvo que aparecer en la línea defensiva, y fue Sarasola en el lateral izquierdo, volviendo al equipo titular dos temporadas después (debutó con Coleman en el primer partido de la pasada campaña, ante el Castellón). Carlos Martínez repitió como central (y acabó el partido cojo) y Gerardo estuvo en la derecha. Por delante, se repitió la pareja Rivas-Ros (el chaval tuvo que salir del partido tras la expulsión de Zubikarai por la norma que obliga a tener siete juegadores del primer equipo sobre el campo) y, con Abreu en punta, la sorpresa estuvo en la línea de tres centrocampistas. Estrada entró en el once junto a Moha y Agirretxe, y su participación quedó en el mismo papel de escasa influencia de toda la temporada. ¿El juego de la Real? Lo de menos en un partido sin tensión de ningún tipo y sin nada realmente en juego. Así lo encaró el conjunto txuri urdin y por eso no hay demasiado que destacar sobre el papel.

Sin embargo, mirando el detalle, el partido deja muchos aspectos a comentar y la mayoría ilusionantes, asumiendo lo difícil que es tener ilusión en un final de temporada tan triste como éste. El más destacado tiene que ser el regreso de Gorka Elustondo, nada menos que ocho meses después de su lesión. Él está llamado a ser uno de los nombres de referencia para la Real del futuro si recupera el nivel futbolístico con el que comenzó la temporada. Que vuelva es una gran noticia. Y hay que celebrarla con la misma alegría que el debut de un jugador del Sanse. Gracias al árbitro (luego volvemos sobre eso), Toño Ramírez tuvo que ponerse bajo los tres palos en el tramo final de la primera parte. Y cumplió con buena nota, teniendo que detener algún disparo lejano de los jugadores levantinistas. Zubikarai, que pone punto final a su sobresaliente temporada con la tarjeta roja que vio, también había realizado un paradón antes. La portería de la Real, esté quien esté, seguirá muy bien protegida la próxima temporada.

El Levante se adelantó en el marcador después de un clamoroso fallo de Labaka. De los tres centrales de la primera plantilla, Labaka es el que más necesita estar muy bien rodeado. A pesar de ser el más veterano, no ha dado el paso para convertirse en líder de la línea de atrás. Y hoy tenía que jugar con un canterano casi debutante y un lateral como acompañante en el centro. Su fallo es de los que no puede tener alguien como él. Diez minutos más tarde, y antes de que el árbitro cambiara el partido, Abreu empató, en una jugada que fue reflejo de otras muchas tardes en Anoeta. Una jugada elaborada hasta el exceso, complicando lo que parecía más sencillo, y que el uruguayo mandó al fondo de la red. El uruguayo, que dedicó el tanto a Lillo, luego falló dos ocasiones muy claras. Anoeta le pitó al ser sustituído. No ha querido tener en cuenta que ha marcado once goles, una cifra que a mí me parece incontestable, al margen de cualquier otra consideración. Porque los goleadores están para esto.

Pino Zamorano nos demostró, una semana más, el patético nivel del arbitraje español, y mucho más el de Segunda. Hay demasiados colegiados que no saben interpretar el reglamento, que no ven cosas que nadie más ve, que influyen decisivamente con sus errores en los partidos, que recortan la belleza del deporte. No es cuestión de que perjudiquen o beneficien, aunque la Real puede sentirse muy perjudicada este año. Pero es el daño que hacen al fútbol. Hoy Zubikarai no debió ser expulsado, pero vio la roja. Al poco, Ballesteros agredió a Agirretxe dentro del área levantinista, lo que debió ser como poco penalti. Pero ahí no pitó, amonestó a Labaka por protestar y dejó a la Real con nueve jugadores mientras se curaba la brecha que tenía el delantero realista. Labaka soltó un codazo con anterioridad que el árbitro no quiso ver. Y en la segunda parte Rivas cometió un claro penalti. En el descuento del partido, expulsó a Rubén Suárez. Un despropósito tras otro. Reflejo de la temporada. Que en un partido como éste, el árbitro haga lo que ha hecho hoy tiene mucho delito. Pero no va a pasar nada, para variar en este fútbol.

Tanto con once como con diez, pero sobre todo tras la expulsión, el Levante pareció mejor que la Real y debió ganar el partido, sobre todo por el empuje demostrado. Pero, al final, las ocasiones de gol fueron prácticamente parejas (la más clara de los visitantes, un cabezazo al palo, estaba anulada por falta previa), lo que podría llevar a la conclusión de que el empate fuera justo. Más bien habría que decir que el resultado era irrelevante, porque ya nada parece motivar a la Real en este tramo final de la temporada. Ni el debut de potrillos, ni dejar en buen lugar a Lillo en su salida del club, ni siquiera pensar en el futuro y dar al nuevo entrenador elementos de juicio para la próxima campaña. Nada desde el encuentro de Salamanca. Nada ante el Córdoba, nada ante el Rayo, nada ante el Levante. Y es una pena porque en los tres partidos había cosas en juego y podían haber dejado muchos elementos de interés. Eso sí, hay que reconocer que, con la nula trascendencia que tenía el partido de hoy, la Real ha aguantado un punto jugando más de medio partido con un jugador menos.

La victoria hoy de la Real le habría garantizado la sexta posición, un premio menor para un club que tiene y debe tener siempre su sitio entre los mejores, pero con el empate ahora eso queda como el pequeño objetivo para la última jornada. El Levante se queda como estaba, un punto por detrás del conjunto txuri urdin (juega en la última jornada en casa ante Las Palmas, que ya se ha salvado del descenso), y, en caso de no ganar el cuadro txuri urdin en Elche, también está a tiro del Castellón, que tiene dos puntos menos (el average particular ganado) y cerrará la temporada ante el ascendido Tenerife. Ninguno se juega nada. Ya se conocen los nombres de los equipos que suben y de los que bajan, la última jornada en la más intrascendente en años. Y lo único que queda por ver es si Bravo logra el Zamora. El chileno, con la baja de Zubikarai, jugará. El Rayo recibe al Zaragoza. Un gol que reciba Cobeño o que Bravo mantenga su puerta a cero darían el galardón al portero de la Real. No es poco acabar la temporada con esa alegría, por pequeña que pueda parecer viendo a tres ciudades de fiesta por el ascenso.

sábado, junio 13, 2009

PREVIA Real Sociedad - Levante. Anoeta dictará sentencia

Anoeta tiene la última palabra y tendrá que dictar sentencia (domingo, 17.00 horas, Anoeta, sin televisión). Es Anoeta quien juzgará, durante y después del partido contra el Levante, lo que ha vivido durante los últimos meses y el trabajo de quienes se despiden de la afición donostiarra. A esto, por desgracia, ha quedado reducido el último encuentro de la campaña como local, ya que objetivos reales quedan pocos. Sí hay uno, destacado por Lillo en la rueda de prensa del viernes, superar la puntuación lograda la temporada pasada, una pequeña satisfacción para finalizar esta triste campaña. Si la semana pasada el partido ante el Rayo fue un duelo por el quinto puesto, esta semana ante el Levante está en juego la sexta plaza. La Liga acabó para los nuestros hace dos semanas, pero sigue siendo la Real el equipo que saltará al campo. Que lo demuestre. Y que la afición, soberana, emita su veredicto.

Para continuar con la línea de las últimas semanas, Lillo cuenta con muchísimas bajas, hasta el punto de que esa lista es casi más numerosa que la de los jugadores de la primera plantilla con los que puede contar el técnico. Sólo hay doce jugadores disponibles, por lo que la aportación del Sanse llega hasta los seis jugadores, el número más alto de toda la temporada. Ramírez, Cadamuro, Sarasola, Ros, Zurutuza y Viguera estarán en Anoeta y más de uno tendrá sus minutos incluso como titulares. El único que, a priori, no tiene opciones es Toño Ramírez, ya que el portero titular será Eñaut Zubikarai. Xabi Prieto es baja por sanción y a última hora se han caído Castillo (que evitará así el juicio de Anoeta) y Dramé (intrascendente como toda la temporada).

Visto lo poco que tiene para elegir el técnico entre los jugadores del primer equipo, en el once parece haber algunas piezas muy claras. Zubikarai estará en la portería. En la defensa, Lillo sólo tiene a Labaka, y en función del sistema que escoja podrían tener su oportunidad el central Camaduro o el lateral Sarasola. En el centro del campo, la lógica dicta que se repetirá el dúo de las últimas jornadas, el formado por Ros y Rivas, aunque es más que probable que Elustondo tendrá algunos minutos, los primeros tras su larguísima lesión. Sería bonito ver sobre el campo juntos a Elustondo y Ros, aunque fuera por poco tiempo, para ver el futuro en acción. Delante de ellos, lo normal sería que jugaran Moha, Agirretxe y Marcos. Arriba, Abreu será el delantero titular, toda vez que se entrenó con normalidad tras los dos partidos con su selección.

¿Objetivos para este partido? Pocos, aunque sería importante que el equipo cuidara el escudo más de lo que lo ha hecho en los dos últimos encuentros. Será, probablemente, en la grada donde habrá más ojos puestos. El público (¿cuántos acudirán, visto el panorama?) tendrá que dictar sentencia sobre la temporada sus protagonistas, máxime ante las despedidas que se vivirán en Anoeta, empezando por la del entrenador, Lillo, y pasando por la de jugadores como Necati o Abreu. Lo que está en juego en el césped es la sexta plaza de la competición. La Real la ocupa en estos momentos con 63 puntos y el Levante es séptimo con un punto menos. Si el equipo txuri urdin gana sus dos partidos, logrará 69 puntos, uno más que hace un año. Y queda un último objetivo para este final de temporada, en el que la Real ya poco tiene que decir: el Zamora para Claudio Bravo. El chileno no juega esta semana, por lo que la mirada habrá que ponerla en el partido del Rayo en Las Palmas del sábado por la tarde.

El Levante ha visitado San Sebastián en cinco ocasiones, y ha logrado arrancar una victoria y un empate. El triunfo de los valencianos se produjo en la primera ocasión en que jugaron en Atotxa, en la temporada 39-40, durante la fase de ascenso a Primera. La Real, por cierto, no subió aquel año. Los otros dos encuentros en Segunda se zanjaron con contundentes victorias del cuadro txuri urdin, 6-2 en la 46-47 y 4-3 en la 48-49. En Primera, la primera visita del Levante a Anoeta también resultó afortunada para los levantinos, puesto que se llevaron un empate a uno en la temporada 04-05. Nihat marcó el tanto realista en el primer partido de José María Amorrortu como técnico de la Real. Fue el comienzo de la dura lucha por la supervivencia que acabó con los huesos de la Real en Segunda.

El segundo enfrentamiento en Primera es la última visita del Levante a Anoeta, y fue en la temporada del descenso, la 06-07. Ambos equipos afrontaron el encuentro inmersos en la lucha por evitar el descenso, algo que la Real no consiguió y el Levante sí. Ansotegi anotó el único gol del partido en el minuto 37, de cabeza tras una falta lejana botada por Savio. El partido, de bajísima calidad por parte de los dos equipos, no sirvió para igualar el gol average particular con el Levante, que se quedó con diez jugadores al poco de iniciarse la segunda mitad (Germán Herrera tuvo una ocasión clamorosa para hacer el 2-0 e iguarlarlo, pero no supo qué hacer con el balón), pero sí para acercarse al sueño de la salvación. La Real de Lotina lograba la segunda victoria consecutiva en Anoeta y se ponía a seis puntos del 17º clasificado. Todavía lejos, pero con diez partidos por delante. Una lucha que, al final, no tuvo el premio soñado.


La afición del Levante vio uno de los mejores partidos de la Real en esta su segunda temporada en la categoría de plata. Tuvo el control del juego en todo momento y el marcador no hizo más que confirmarlo. Agirretxe anotó el primer gol del encuentro, su cuarto de la temporada y el primero que sirvió para lograr tres puntos, y Xabi Prieto hizo el segundo. Las dos asistencias fueron de Marcos. Todo funcionó a la perfección en el equipo que Lillo presentó en Valencia, desde la portería (Bravo, apenas inquietado por el Levante, tuvo alguna intervención que demostró su seguridad), a los atacantes, pasando por un centro del campo rocoso en el que Diego Rivas empezaba a mostrar la firmeza que ha enseñado durante toda la segunda vuelta. El 0-2 incluso fue un resultado que se quedó corto para los méritos del equipo txuri urdin, poco acostumbrado a vencer con claridad y llegar a los finales de los encuentros con placidez.

martes, junio 09, 2009

Buscando entrenador

Que nadie se asuste por el título, que la Real no ha cambiado de opinión y Martín Lasarte sigue siendo el técnico que se sentará en el banquillo de Anoeta la próxima temporada. Pero esto de la búsqueda de entrenador lleva ya algo más de una semana rondándome la cabeza, sobre todo a raíz de los dos últimos artículos que Jon Trueba ha firmado los martes en El Diario Vasco. En el primero, hacía un pormenorizado y más que interesante relato de las gestiones que hizo el club para encontrar al sustituto de Juanma Lillo. Y sobre todo me llamó la atención lo que dice de Gonzalo Arconada y de sus motivos para rechazar la llamada de la Real. "Ni Gonzalo, ni su hermano Luis lo veían claro. Además tenía varias ofertas (finalmente se ha decidido por el Numancia)".

No seré yo quien critique a Gonzalo Arconada por no venir a la Real. Somos sólo espectadores de lo que acontece en un mundo profesionalizado y cada actor de este espectáculo tiene que buscarse la vida donde quiera o pueda. Habrá quien piense que menudo realismo (de la Real) el suyo, que prefiere irse al Numancia cuando su club (si es que lo es, que yo lo desconozco; decirlo sería es una presunción lógica por su historial y su apellido) le pide que vuelva, pero él no ha manipulado emocionalmente a nadie, como sí han hecho otros en ocasiones anteriores. En todo caso, hay un detalle al que le vengo dando vueltas desde hace una semana, y es la mención de Luis Arconada en este artículo. Luis Arconada no veía claro que su hermano Gonzalo volviera a la Real. Eso es lo que me ha hecho pensar.

La memoria me ha devuelto a la entrevista que concedió el mejor portero de la Historia txuri urdin, precisamente a El Diario Vasco, el mismo día en que Jokin Aperribay fue elegido presidente, el día en que Iñaki Badiola dejó de serlo, el día que todos recordamos cómo acabó. En especial, me fijo en su última respuesta. "Yo tengo la esperanza de que quienes se han presentado ahora logren sus propósitos de regeneración, aunque será una tarea muy difícil", decía entonces Luis Arconada, en una clara apuesta por un Aperribay del que entonces apenas sabíamos nada. Pero hoy, seis meses después, no ve claro que su hermano vuelva a la Real. No voy a prejuzgar qué hay detrás de ese "no lo veían claro". No voy a criticar ni a quien lo piense, ni a quien lo publique, ni tan siquiera a quien pueda haber motivado esa falta de claridad. Pero me hace pensar.

El segundo de los artículos de Jon Trueba es tan interesante como el primero. Comienza con una conversación con un ex entrenador de la Real, cuyo nombre prefiere evitar. De esa parte del artículo, me alegra mucho que alguien que haya pasado por el banquillo txuri urdin diga abiertamente que "la cantera siempre da" y que lo que no se ha conseguido en los últimos años es la correcta combinación con los que vienen de fuera. Y me alegra porque siempre he tenido claro que ese y no otro es el mal que persigue a la Real sobre el campo. Por lo menos, el mal principal. Pero si traigo a colación este recorte de prensa es porque en su parte final reproduce un artículo del actual seleccionador español, Vicente del Bosque, un entrenador que, dicho sea de paso, no es del todo de mi agrado.

"Hay cuestiones claves para un entrenador: tiene que conocer bien la historia del club y respetar su identidad, marcar un estilo propio; participar en la formación de la plantilla, obtener de ella el máximo rendimiento; y en los partidos hacer compatible el orden del equipo con el talento. !Ah!, y ganar. Un entrenador debe dar libertad, pero con exigencia; afecto en vez de palo, emocionar a los jugadores con su profesión (son peor dos apáticos que cuatro malos); no criticar siempre a los mismos, rodearse de buenos especialistas, sabiendo delegar tareas, no responsabilidades. Tiene que ser uno mismo, sin mucha retórica y mantener la compostura: ni muy triste en la derrota ni muy eufórico en la victoria".

Leo y releo esta definición. Y no dejo de hacerme, una y otra vez, la misma pregunta: ¿no es ese Lillo? Me detengo entonces en el matiz que aleja esa definición del todavía técnico realista. "¡Ah!, y ganar". No estamos en Primera, no hemos ganado tanto como necesitábamos. ¿Es eso lo que marca ahora la frontera del éxito y el fracaso en la Real? Entonces, si la diferencia entre el cielo y el infierno sólo va a estar en el marcador, ¿por qué nos detenemos a hablar de tantas cosas, de la cantera, de las formas, de los medios? Yo creía que la respuesta es porque la Real es algo diferente. Y yo quiero que la Real siga siendo diferente. Incluso para algo tan inocente en apariencia como es buscar entrenador. Y que el que esté tenga toda la suerte del mundo. La misma que le deseé a Lillo el sábado en Madrid y que me agradeció con un gesto afectuoso.

domingo, junio 07, 2009

La gente merece algo más

Final del partido en Vallecas. Un par de centenares de realistas en las gradas. Muchos, probablemente la mayoría, residentes en la Comunidad de Madrid. Algunos venidos desde ciudades cercanas, como Ávila o Guadalajara. Otros incluso llegaron a la capital desde tierras guipuzcoanas. Con 4-1 en el marcador y con otra temporada más en Segunda División en el horizonte, lo menos que podrían haber hecho los jugadores al final del partido es acercarse a saludar a los suyos. A esos que cantaban "Real, Real" incluso cuando el partido ya estaba total y absolutamente perdido. A esos que viven las 24 horas del día, los siete días de la semana, la tristeza de estar en Segunda. Algunos de los jugadores que saltaron al césped del Teresa Rivero no vestirán la camiseta txuri urdin la próxima temporada, pero nosotros la llevaremos puesta siempre. Y merecemos algo más.

En el hotel madrileño en el que se concentró la Real, tuve la oportunidad de conocer a un niño de ocho años. De la Real, claro. Le preguntamos si sus compañeros se metían con él en el colegio por ser de un equipo que está en Segunda. "Sí, pero me da igual", nos contestó. Es onevitable sonreír al escuchar algo así. Horas después, vi al mismo niño salir del campo vallecano con su padre, minutos antes de que acabara el partido y con el 4-1 en el marcador. Ese crío se merece algo más. En las gradas del Teresa Rivero me encontré con un viejo amigo, compañero de años de peñista de la Real en Madrid, un tiempo que, pese a lo mal que terminó, siempre recordaré con cariño. Me contó que llegaba del hospital, de estar con su padre que le había dado un infarto. Afortunadamente, estaba mejorando (de lo cual me alegro) y por eso se vino a ver a la Real, después de años sin pisar un estadio para ver a este equipo. También él se merecía algo más.

Y así, seguro que podríamos contar decenas de historias que tendrían que provocar reflexión entre quienes visten la camiseta de la Real. Quizá el club tendría que recordar a los jugadores que hay que cuidar mucho más a los aficionados, porque, tal y como están las cosas, la gente es el mejor patrimonio que tiene hoy la Real Sociedad. Quizá Anoeta parezca medio desierto, pero son 15.000 los valientes que siguen yendo cada quince días, mucho más que en el resto de estadios de Segunda. Quizá 200 o 300 realistas en Vallecas no parezcan demasiados, pero cada uno de nosotros significa algo y quiere a este equipo. Los jugadores se fueron tristes y decepcionados, pero esa tristeza y esa decepción es al menos igual, seguramente mayor en algunos casos, en la mayoría de los que estuvimos en las gradas del Teresa Rivero. Qué poco cuesta un saludo desde el campo, un saludo que sin duda habríamos devuelto con aplausos. Y no tuvieron ese gesto. La gente merece algo más. Y más después de estos años de decepciones.

RAYO VALLECANO 4 - REAL SOCIEDAD 1 Sin ilusión, no hay otro resultado posible

A estas alturas de la casi centenaria Historia de este club, creo que casi todos los que queremos a la Real convenimos en que la ilusión fue un factor fundamental para lograr el ascenso de Puertollano, para fijar el récord de imbatibilidad del fútbol español, para ganar dos Ligas y para estar cerca de conseguir una tercera hace apenas seis años. Esa misma ilusión que siempre ha tenido la Real, jugara donde jugara, en la categoría en la que estuviera y ante el rival que tocara, sin importar su calidad, hoy no existe. Se ha perdido. ¿Se puede recuperar? Tal y como jugó la Real en Vallecas, el resultado no podía ser otro. Bueno, sí, podía haber supuesto una goleada todavía más amplia del Rayo. Porque el Rayo saltó al campo con la ilusión de ganar el partido y la Real no. Este sábado, los vallecanos dijeron adiós a sus opciones de jugar en Primera, a pesar de lograr los tres puntos. La Real se despidió de Primera la semana pasada. Comparar la forma en la que uno y otro equipo ha encarado ese duro trance da una idea de lo que sucedió en el Teresa Rivero. Ni más ni menos que un baño en casi todos los aspectos del juego.

Además de la pobre sensación que dejó la Real, hay que reconocer que a este equipo le ha mirado un tuerto. Es de nota que un partido en el que el mayor temor sea la ilusión que pueda mostrar el equipo, comience con un gol encajado en el minuto 3. La jugada sirvió para demostrar que el nuevo héroe de los realistas, Zubikarai, también es humano. Falló clamorosamente en la salida, en lo que seguramente es un síntoma más de la falta de ilusión que el equipo arrastra ya desde la semana pasada. Nada que reprochar, no obstante, al arquero realista, que bastante ha hecho por levantarnos la moral a lo largo de la campaña. Hasta el mejor escribano echa un borrón y el suyo ha llegado en la jornada 40. Eso es digno de mención. Como también hay que mencionar, pero en el lado negativo de la balanza, la desidia en las marcas en la jugada de este primer gol y, sobre todo, en la del segundo. No habíamos llegado al cuarto de hora y ya se olía la goleada local.

Tras el segundo gol loca, hubo un atisbo de reacción porque este equipo no es tan malo como muchos creen y tiene capacidad para hacer cosas interesantes, aunque las circunstancias no hayan sido las más propicias para enseñarla a lo largo de la temporada. Agirretxe marcó el 2-1. Quizá penséis que soy un exagerado al decir que fue un golazo, pero lo fue. Al canterano le cae un balón muerto, sin fuerza, un poco por delante del punto de penalti. El salto es magnífico, el movimiento de cuello para impulsar el balón es sencillamente perfecto, y la colocación de su cabezazo es formidable, junto a la cepa del palo derecho de Cobeño. Un golazo. El octavo que marca. Agirretxe ha demostrado nivel de sobra como para lucir un número de la primera plantilla, algo que sucederá a partir de agosto, y como para convertirse en uno de los jugadores que colabore en el ascenso a Primera División. Y, de paso, el único al que Bravo le pudo mandar un agradecimiento ayer. Cobeño sólo encajó un gol, pero es un gol más que acerca al meta chileno de la Real al trofeo Zamora.
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El gol realista dio paso a los mejores minutos del equipo txuri urdin. Porque, insisto, no es tan malo como muchos creen y tiene potencial para dominar a un equipo como el Rayo, incluso presentándose en el campo del quinto clasificado sin seis titulares. No hubo, eso sí, claras ocasiones de gol, más allá de otra del propio Agirretxe, que tenía que haber cedido a Xabi Prieto para que empujara el balón al fondo de la portería pero prefirió jugársela él. En todo caso, la ilusión fue el factor determinante. Los goles del Zaragoza agotaron toda opción rayista de subir a Primera, pero no mermaron su ilusión, al contrario de lo que le sucedió a la Real hace una semana. También tuvo la suerte de empezar marcando otra vez en la segunda parte, pero contó con el aliado fundamental de la desilusión realista. No se puede dejar tanto espacio dentro del área, no se puede dejar que un equipo como el Rayo toque tanto el balón tan cerca de la portería de Zubikarai. Porque lo acaban aprovechando. El 4-1, la mayor goleada encajada por la Real en este tránsito que ya dura dos años por la Segunda División, no es exagerado. Es muy justo para los méritos de unos y otros y, sobre todo, el ánimo con el que jugaron ambos equipos.

La Real sólo existió en ese breve tramo del primer tiempo y después de que el Rayo anotara su cuarto gol, cuando jugadores como Gerardo y Estrada se animaron incluso a disparar desde fuera del área (¿contagiados por los intentos de Ros de la semana pasada?). Y es un bagaje claramente insuficiente como para optar a conseguir algún punto en una plaza como Vallecas. Hubo además algunos signos de fractura, signos que se apuntaban hace algunas semanas y que el final de las aspiraciones de ascenso ha dejado aún más al descubierto. Ros (aunque no le salieron las cosas demasiado bien) y Agirretxe sí muestran ilusión, juegan a una marcha diferente que el resto de sus compañeros. Será la bendita locura de la juventud, que les lleva a pensar que sí hay algo en juego cada vez que se ponen la camiseta de la Real. Pero su ilusión pone de manifiesto la desilusión de algunos de sus compañeros. Y es obligado citar el nombre de Castillo. Si no está para jugar, que no juegue. Si no quiere jugar, que no juegue. Pero la camiseta que lleva tendría que exigirle mucho más. A él y a cualquiera que la vista. El relevo de Castillo está en el banquillo y se llama Sarasola. Seguro que él si muestra la misma ilusión de Ros y Agirretxe.
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Junto a ellos, el único que por momentos demostró cierto nivel futbolístico fue Diego Rivas, que se tuvo que multiplicar en el centro del campo e incluso llegó a meter algún pase en profundidad más que interesante. Funcionó sólo a ratos, y también se le puede achacar cierta relajación en los dos primeros goles del Rayo, pero al menos dio la cara y permitió que la defensa sufriera un poquito menos de lo que ya sufrió. Que fue bastante. Esta Real puede presumir de haber mostrado una gran seguridad defensiva a lo largo de la temporada, pero en Vallecas se presentó sin dos de sus tres centrales, con Carlos Martínez actuando en el centro (o deambulando a veces por allí, incluso tirándose cuando podía al lateral), con un falso lateral por la derecha (Gerardo) y con un lateral apático por la izquierda (Castillo). Y el Rayo se convirtió en el peor rival posible para jugar en esas circunstancias. Arriba, Necati, Moha y Marcos no ofrecieron absolutamente nada y Xabi Prieto sólo le echó algo de raza cuando la goleada rayista bordeaba el sonrojo txuri urdin.

Por seguir mirando la clasificación, y dado que todavía quedan dos partidos por jugar, hay que pensar en que el sexto puesto debiera ser innegociable para este equipo. Con los resultados de ayer, el cuarto puesto es ya imposible y el quinto es una utopía aún mayor que los sueños de ascenso que hemos podido tener durante buena parte de la segunda vuelta (el Rayo tendría que perder los dos partidos y los de Lillo lograr los seis puntos). La Real recibe la semana que viene en Anoeta al Levante y el partido se puede convertir en un duelo directo por la sexta plaza, ya que el equipo valenciano se colocaría a un punto del donostiarra si vence esta tarde en su campo al Elche. La Real está frente a un pequeño abismo. Puede terminar la temporada con cuatro derrotas consecutivas y en la octava posición si juega los dos partidos que restan con la pobre intensidad con la que jugó ante Córdoba y Rayo. Y sería un final muy penoso para una temporada ya de por sí triste. Hay que poner remedio, aunque sólo sea para acabar esto con dignidad.

viernes, junio 05, 2009

PREVIA Rayo Vallecano - Real Sociedad. Por la Real... y por Bravo

Agotadas ya las posibilidades de subir a Primera División, la Real tiene que jugar los tres partidos que quedan por hacer valer el peso de su historia, de su camiseta y de su escudo. Y en su primer partido (sábado, 18.30 horas, Teresa Rivero, sin televisión) tiene un motivo más: Claudio Bravo. Su portero está en disposición de ganar el Trofeo Zamora y su principal rival es el rayista Cobeño. Aunque para algunos sea un objetivo menor en esta temporada triste, en la centenaria Historia de la Real sólo un portero ha logrado esa distinción, Luis Arconada. Al menos sería un motivo de satisfacción para el final de esta triste temporada. Aunque no cabe pensar en que los despachos vayan a cambiar algo, sobre todo después de la burla que se le hizo a la Real hace un año, el objetivo debe ser siempre acabar lo más arriba posible por si acaso. Y quienes salten al campo deben sentir la obligación de ofrecer a su gente, que también la habrá en Vallecas, un buen espectáculo.

La convocatoria de Lillo para este partido ofrece la mejor noticia posible: el regreso de Elustondo. El mediocentro volverá después de la lesión sufrida allá por el lejanísimo mes de septiembre, cuando estaba atravesando por su mejor momento. Ojalá que sus lesiones sean cosa del pasado y podamos volver a verle a su mejor nivel. Vuelve también a la convocatoria otro de los lesionados, Dramé, aunque como es lógico la importancia de ese regreso es infinitamente menor. Su vuelta viene a cubrir la baja de Ansotegi, aunque el técnico también ha decidido incluir al defensor del filial Camaduro. Junto a él, entrar en la lista otros tres potrillos: Javi Ros (después de dejar muy buena imagen en los dos encuentros que ha jugado, en Salamanca y Anoeta ante el Córdoba), el portero Toño Ramírez (que no jugará) y el delantero Borja Viguera (que ya fue llamado para Salamanca y que entra por la ausencia de Abreu, concentrado con su selección). Aterra pensar que, si Lillo no hubiera recuperado a dos lesionados, sólo hubiera podido convocar a doce jugadores del primer equipo.

Con tanta baja (como en demasiadas jornadas de esta Liga), con el fin de las opciones matemáticas de luchar por el ascenso (que llegaron hace una semana y que convierten en estos tres partidos en un trámite), con algún que otro jugador que dejará la Real a final de temporada (y que provoca que la afición no quiera verle más sobre el campo, como es el caso de Castillo) y con tanto chaval joven en la lista, adivinar el once de Lillo es toda una incógnita. Lo que sí es seguro es que Zubikarai estará en la portería, que Labaka será uno de los hombres de la defensa, y que Agirretxe (superados sus problemas físicos de esta semana) y Xabi Prieto tendrán un hueco en las líneas atacantes. Lo demás, una incógnita. Parecería lógico que se repitiera la pareja de mediocentros de las dos últimas semanas, Diego Rivas y Ros, pero es aventurado saber con qué sistema pretende jugar Lillo en Vallecas y qué hombres pondrá en el resto de puestos.

Ya no tiene ningún sentido mirar la clasificación, más allá de que Real y Rayo se juegan este fin de semana la quinta plaza. Los rayistas parten con dos puntos de ventaja. El Hércules, cuarto en la tabla con seis puntos más que los realistas y el golaverage particular a su favor, parece ya demasiado lejos como para alcanzarle. Serían necesarias las tres victorias y que los alicantinos pincharan en sus tres partidos, siendo al menos uno de ellos una derrota. Pero sí hay un aliciente deportivo importante en este encuentro, más allá de la clasificación. Bravo lidera la clasificación del Trofeo Zamora con un coeficiente de 0,88 goles por partido, y Cobeño, el meta del Rayo, es segundo con 0,89. Si el rayista encaja tres goles en lo que queda de Liga, el galardón estaría asegurado para el meta chileno de la Real incluso sin jugar un minuto más. La Real tiene que contribuir a ese objetivo marcando más de un gol a Cobeño, independientemente del resultado final del partido.

No es el de Vallecas un campo muy propicipio para la Real, aunque en Segunda División sólo jugó una vez y ganó, además en la temporada 66-67, la del último ascenso a Primera. El resultado fue 0-1 y el gol lo anotó Gorriti. En la máxima categoría, el equipo txuri urdin ha visitado Vallecas en doce ocasiones, ha perdido en siete, empatado en tres y ganado sólo en dos. Los triunfos realistas, muy contundentes ambos, se produjeron hace demasiados años, en las campañas 78-79 (0-4, dos goles de Satrústegui, otro de Idígoras y el último de López Ufarte) y 89-90 (0-3, Loinax, Mentxaca t Goikoetxea hicieron los goles). Pero desde hace 19 años la Real no vence en este campo madrileño, en el que ha perdido en seis de sus últimas siete visitas, algunas de ellas con cierto estrépito como el 4-1 de la temporada 2000-2001 que desembocó en el cese de Javier Clemente como entrenador realistas tras gritar "Clemente, vete ya" toda la grada del Teresa Rivero.

La última vez que la Real jugó allí fue en la temporada del subcampeonato, la 2002-2003, y eso sí, fue uno de los peores partidos que hizo el conjunto de Denoueix en esa campaña. Después de defender con gran categoría su liderato en el Santiago Bernabéu, tuvo que jugar en casa del Rayo, y el resultado fue el mismo: 0-0. Los realistas, con la baja de un Nihat en plena forma, apenas fueron capaces de inquietar la portería de Etxeberria, y los rayistas se encontraron con la espléndida defensa que formaban Jauregi y Schürrer, con lo que tampoco pusieron en excesivos problemas a Westerveld. El empate le sirvió a la Real para mantener el liderato y prolongar a once jornadas su marca de imbatibilidad (que finalmente llegó a 19). Duele pensar que si aquel día la Real llega a ganar, hoy recordaríamos que este equipo tendría tres títulos de Liga. Pero ¿quién iba a saberlo entonces...?

jueves, junio 04, 2009

Pasado y memoria

No creo que sea posible mirar al futuro sin memoria de lo que ha sucedido en el pasado. Y soy un firme convencido de que el pasado nos ofrece muchas enseñanzas para caminar con paso firme por el futuro. La rueda de prensa que dieron ayer el presidente, Jokin Aperribay, y el director deportivo, Loren Juarros, me ha obligado a mirar al pasado para entender el presente y el futuro de la Real. Y la mirada tiene cierta tristeza. La misma que me acompaña desde hace ya demasiados años por el caminar deportivo e institucional que ha cogido este club y su entorno. Porque no acabo de entender que recetas que antes no servían ahora sean la panacea, decisiones criticadas hace tan poco tiempo ahora sean perfectamente normales, y que políticas por las que apostaba cierto ex presidente ya sean la mejor salida a la precaria situación económica de la Real. Si nos vanagloriamos de tener un club centenario, no puede ser que nuestra memoria quiera olvidar acontecimientos de hace apenas unos meses.

Entrar en el juego de cifras, deseos y juegos económicos no es mi terreno, puesto que la economía y yo somos bastante incompatibles, pero tengo el convencimiento, antes y después de la rueda de prensa de Aperribay, de que la Real no puede desaparecer por muy mal que se hagan las cosas. Eso sí, me molesta sobremanera y me parece un insulto a la inteligencia de los realistas que ahora se diga que la situación no es tan desesperada, comparada con la del resto de clubes de Primera y Segunda División, cuando hace pocos meses el mensaje era el contrario. Se llegó a decir por parte de quien ahora ocupa la Presidencia de la Real que el club corría el serio peligro de desaparecer en cuatro meses si no se desalojaba a Iñaki Badiola del poder. Y me acuerdo de Miguel Fuentes anunciando poco menos que el apocalipsis para defender la ampliación de capital que cambió el control del poder en el club. Qué fácil cambia la perspectiva. Y con qué facilidad se creen algunos que pueden engañar a la gente. ¿Lo consiguen? Ojalá se pudiera saber la respuesta a esa pregunta.

Badiola, precisamente, se pasó meses hablando de la necesidad un ERE para sanear las arcas del club, y el entorno mediático y unos administradores concursales de los que, qué casualidad, no hemos oído hablar en meses lo torpedearon. Desde ciertos sectores, se le dijo de todo. Ahora el Consejo que preside Aperribay habla abiertamente de un ERE. Y no pasa nada. ¿Por qué? Porque es necesario con el club en Segunda. Badiola quiso desprenderse de los médicos del club, y esos mismos médicos no van a estar en la Real la próxima temporada. Entonces era una barbaridad y hoy, aunque los motivos parezcan distintos, eso no suscita comentario alguno. Badiola tuvo que montar un equipo de cantera con tres o cuatro incorporaciones de fuera, y entonces se acusó al ex presidente de no hacer una plantilla competitiva para el asalto a Primera (y a pesar de todo, de considera la plantilla insuficiente, se ha considerado un fracaso no subir... Incongruente). Ahora, esa es la apuesta que hace el actual Consejo y es la misma que se cargó Denonerreala en su día cuando la adoptó el club con Astiazarán como presidente. Que conste que creo que esa es la política adecuada, la aplique quien la aplique, la única que ha funcionado en la Real. Pero no se puede defender una cosa y la contraria, y de eso se ha visto mucho en los últimos tiempos.

La parcela deportiva tiene ejemplos de sobra de este comportamiento cambiante, de esta asombrosa capacidad de decir una cosa y la contraria según convenga, y la situación de Juanma Lillo es el último gran ejemplo. Tenía contrato para Primera, pero por lo visto no nos valía para Segunda. Incomprensible, sobre todo cuando el técnico ya dejó claro con el cambio de Consejo que él no quería seguir sólo por ser el entrenador que ya estaba. Puso su cargo a disposición del club sin cobrar un euro de más. Y se marcha como un auténtico señor. Por eso, no creo que el trato que se la ha dado sea bueno. El Consejo no puede darle tan poca cobertura pública como le ha dado (sí se la ha dado, por ejemplo y con acierto, a Xabi Prieto ante los rumores que siempre llegan desde Bilbao), insinuando que si seguía en el banquillo txuri urdin era sólo por tener un contrato firmado. Y Loren no puede considerar hace pocos meses su continuidad como "innegociable" para él como director deportivo y después matizar esas palabras para anunciar la llegada de otro entrenador.

Como tampoco es posible que se esté abogando por la estabilidad y la primera decisión importante que se toma es cambiar de entrenador, además de remodelaciones de trascendencia en la plantilla deportiva, cuerpo médico y estructura de Zubieta. No es congruente. ¿Estabilidad en qué? ¿Sólo en la directiva? La estabilidad se puede conseguir con ciertos cambios, moderados y progresivos, pero cambios adecuados a una política, a una idea, a un modelo, a una dirección. Según se ha publicado en los últimos días, para suplir a Lillo la directiva ha barajado nombres de entrenadores tan dispares como Mendilibar, Gonzalo Arconada, Javi Gracia o el finalmente escogido Martín Lasarte. No parece haber un modelo claro, aunque eso no tiene nada que ver con el futuro éxito o fracaso del nuevo entrenador.

No seré yo quien caiga en el oportunismo de criticar a Martín Lasarte por su currículum o por habladurías, pero me acuerdo ahora de que algunos censuraron la llegada de Coleman por no tener conocimiento de la Segunda División española y ahora no parece haberse acogido de la misma manera al nuevo técnico. Más incongruencias que vienen del pasado y para las que parece no haber memoria. Y yo me sigo rebelando contra eso, porque es importante tener memoria. Tan importante como apoyar a la Real por encima de las personas. No comparto muchas de las cosas que hace este Consejo, y mi labor es criticar lo que no comparta, no torpedear su labor. No estoy de acuerdo con la salida de Lillo y la forma de actuar que se ha tenido con él, pero eso no me va a llevar a censurar sin motivo a su sustituto. No olvido lo que sucede en el pasado, pero no hipoteco con él el futuro de la Real. Porque la Real es siempre lo importante y la memoria a algunos parece no darles para recordar algo tan básico.

miércoles, junio 03, 2009

REAL SOCIEDAD 0 - CÓRDOBA 2. Sueños imposibles

Soñar, un año más, ha sido imposible para la Real y para todos los que tenemos el corazón txuri urdin. Ya son muchos años de sufrimiento, en el que la imaginación queda rota, antes o después, por lo que se ve sobre el campo (y en los despachos, que de eso habrá que hablar largo y tendido en otros momentos...). La derrota ante el Córdoba fue una rendición en toda regla, sin bandera blanca, ni siquiera blanquiazul. Delante no tenía a un gran equipo, pero los cordobeses han encontrado en Anoeta un talismán. El año pasado salvaron ahí la categoría. Este año han dado un paso de gigante para tener que realizar una tercera visita al estadio donostiarra. Y la Real, en ambos partidos, el de la temporada pasada y el de la actual, dispuso sobre el campo un ejercicio de impotencia, de tristeza y de languidez que difícilmente puede encontrar correspondencia en los valores que siempre ha representado el escudo y la camiseta que llevaron los catorce jugadores que saltaron al campo y los menos de 14.000 valientes que, a pesar de los pesares, estuvieron sentados en la grada de Anoeta.

La Real perdió con absoluta justicia. Su mejor jugador, de largo, fue el portero Zubikarai, que salvó cuatro goles de los cordobeses, dos en el tramo inicial de la primera parte y otros dos en ¡el primer minuto! de la reanudación. Eñaut es, probablemente, la mejor noticia que ha dejado esta segunda temporada en la división de plata y un cimiento perfecto sobre el que construir la Real de la próxima, la que tendrá de nuevo como objetivo el ascenso a Primera. Lillo no sorprendió demasiado con el resto de su once titular, la defensa prevista, el debut del canterano Ros en Anoeta y Abreu secundado por Agirretxe, Prieto y Moha por detrás. Desde el principio se vio que el equipo txuri urdin no consideraba el partido como algo trascendental, habida cuenta de las victorias de los tres de arriba en la tarde del sábado. En la segunda parte, se acentuó esa sensación y no es exagerado decir que la Real se borró del partido. Cada cual sabrá las causas, pero la entrega vista en Anoeta no tuvo nada que ver con la mostrada en el Helmántico de Salamanca sólo ocho días antes.

Lo que está claro es que si el portero del equipo local es el mejor, es que algo falla. Y eso ha sido una constante de toda la temporada. Anoeta se ha acostumbrado a que los equipos visitantes sepan de la categoría de quien defiende su meta, sea un Bravo que apunta al Zamora de Segunda o un Zubikarai que casi sin querer se ha convertido en el nuevo ídolo de la parroquia realista. Pero lo contrario no sucede casi nunca. Demasiados porteros visitantes se han marchado del estadio donostiarra sin que sepamos si eran buenos o malos, si estaban metidos en el partido o nerviosos, si tenían reflejos, colocación o ninguna de las dos cosas. Eso le sucedió a Raúl Navas. La Real no le disparó ni una sola vez entre los tres palos, y eso duele ante un portero sobre el que además hay sospechas de que contribuyó decisivamente, y con artes poco deportivas, a que este equipo tuviera que disputar una segunda temporada en este purgatorio futbolístico. Anoeta se acordó de eso un par de veces, pero le dedicó poca atención.
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La Real no hizo nada para ganar el partido y Zubikarai hizo mucho para que el 0-0 fuera el resultado final, pero las jugadas a balón parado, como sucedió en Vitoria, volvieron a suponer la tumba de este equipo. Primero una imparable falta directa y después un remate de corner (marcas muy flojas, producto de la escasa tensión que ya tenía la Real sobre el campo) sentenciaron el partido cuando más parecía que si el Córdoba apretaba se iba a llevar los tres puntos. Y es que los andaluces, con todas sus limitaciones, sí salieron al césped de Anoeta pensando que la victoria era importante. Al margen de Zubikarai (casi 600 minutos imbatido hasta el primer gol del Córdoba, una gran marca), sólo cabe destacar algún que otro detalle de Xabi Prieto y la entrega de Ros. Un chaval de 18 años enseñó a todos sus compañeros, aparte de aplomo, colocación y técnica, que se puede y se debe tirar desde fuera del área. Todo un descubrimiento para esta Real. Y qué diferencia con lo que ha ofrecido Markel Bergara durante toda la temporada.
La derrota pareció garantizada desde que el Córdoba se adelantó en el marcador, y gracias a una muy poco presentable segunda parte de la Real. Los cambios de Lillo no reactivaron demasiado al equipo. Marcos, desafortunadísimo pero activo, sustituyó a un Moha que no parece dar mucho más de sí. Carlos Martínez entró por un tocado Ansotegi y el segundo gol del Córdoba llevó al técnico a un tercer cambio algo alocado pero consecuencia de no tener mucho más en el banquillo, Necati por Labaka. Carlos Martínez acabó como único central en una defensa de tres y el turco, con la misma voluntariedad de siempre, ni siquiera anduvo cerca del gol. Y con este panorama, Anoeta se cansó. No es que se produjeran grandes altercados, porque nunca los ha habido ni en las peores situaciones. Pero la pasividad de Abreu (que sin goles parece verse mucho más) o la ausencia total de un Castillo que no tendría que jugar más con esta camiseta provocaron algunas pitadas. Y algún que otro grito contra el Consejo, aunque algunos prefieran hacer oídos sordos.
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Al final, fue Lillo quien se llevó la pitada. Y lo hizo en un nuevo gesto de profesionalidad y de saber cuál es su sitio. Él es el máximo responsable de la plantilla y no se ha escondido nunca. Permanecer sobre el campo para saludar a todos y cada uno de sus jugadores y salir el último para que el agotamiento emocional de la grada se volcara sobre él, son detalles que otros muchos entrenadores no tendrían o no han tenido en su paso por San Sebastián. La Real siempre ha andado lejos del ascenso, pero nunca lo suficientemente lejos como para no pensar que era posible. Pero sobre el campo siempre ha parecido faltar algo. El partido ante el Córdoba fue la triste constatación de que falta cierto espíritu. Anoeta no es un campo caliente, pero siempre ha estado deseoso de aplaudir cualquier detalle de los suyos. Y el domingo, en el problablemente peor partido de la temporada por todo lo que supone, volvió a verse. Hubo aplausos. Hasta el 0-2. Ahí murió definitivamente la ilusión en la temporada 2008-2009.

La campaña ha acabado para la Real antes de lo esperado y antes que en la mayoría de años precedentes (la supervivencia en Primera se lograba habitualmente en la penúltima jornada, el título de Liga se escapó en la última, y fue también al final cuando se certificaron tanto el descenso a Segunda como el no ascenso de la pasada temporada), pero quedan tres jornadas. Si el día en el que se acabó todo la actuación fue tan triste como ésta, miedo da pensar lo que puede ofrecer en lo que queda de campeonato. O quizá nos encontremos con algo de ilusión. Quizá Ros encuentre compañía en su intento de que la Real quede lo más alto posible en la clasificación. Quizá Zubikarai nos deje otras grandes paradas con las que aplaudirle. Quizá alguien se dé cuenta de que marcarle tres goles a Cobeño en Vallecas asegura el trofeo Zamora para Claudio Bravo. Quizá veamos algo de la Real que queremos en estas tres jornadas. Quizá.