domingo, noviembre 30, 2014

Vela, un hat-trick para seguir haciendo historia

Así celebró Vela el segundo de sus goles al Elche.
A veces, las más grandes hazañas pueden pasar desapercibidas si no se mira a la Historia con el interés que merece. El hat-trick de Carlos Vela ante el Elche fue muy celebrado por la afición realista y se ha colado como no podía ser menos en las páginas de la prensa y en los informativos de este fin de semana (con mucho menos tiempo del que merece, también es verdad), pero su auténtico valor se entiende al vincularlo al pasado. Y es que el mexicano, gracias a este 3-0 y a anotar los cuatro goles del 4-3 de la temporada pasada ante en el Celta, se ha convertido en el tercer jugador txuri urdin que marca tres o más goles en dos partidos de Liga desde que la Real Sociedad juega en Anoeta. Casi nada. Los otros dos, además, lo consiguieron hace nada menos que veinte años, Kodro y Luis Pérez, a mediados de los años 90.

Para el bosnio, la temporada 1994-1995 fue la última en el equipo realista. En ella, le endosó primero cuatro goles al Tenerife, en el 5-2 de la jornada 24, y convirtió sus últimos tantos con la camiseta de la Real en la jornada 35, en el mítico 5-0 al Athletic de Bilbao. Luis Pérez comenzó a labrar esa misma marca en la mencionada campaña 1994-1995, haciendo los tres primeros goles del 6-0 al Logroñés, y la certificó un año después con un segundo hat-trick en el 5-2 al Valencia. Para encontrar otro jugador que hiciera tres o más goles en dos partidos de Liga ya hay que irse mucho más lejos. López Ufarte fue el anterior jugador que firmó más de un hat trick, dos concretamente, en el 4-0 al Sevilla de la campaña 1977-1978 y en el 6-0 al Hércules de la 1985-1986.

Aunque la desmesurada atención que la prensa presta a jugadores como Cristiano Ronaldo y Messi ha desvirtuado el enorme mérito de conseguir un hat-trick sin jugar en ninguno de los dos grandes, hay datos que aumentan la jerarquía de esta marca de Vela. El mexicano se ha convertido en el quinto jugador en toda la historia de la Real que logra al menos tres goles en un partido de dos temporadas consecutivas. Antes sólo lo habían logrado Caeiro (hizo tres en el 7-0 al Oviedo de la 1949-1950 y otros tantos en el 4-1 al Málaga en la 1950-1951), Arregui (hizo cuatro tanto en el 6-0 al Sabadell como en el 5-1 al Córdoba de la 1967-1968, y tres en el 5-1 al Córdoba de 1968-1969) y los mencionados Kodro y Luis Pérez. La marca de Caeiro se engrandece echando la vista atrás una temporada, estando en Segunda, cuando anotó dos hat-trick más, haciendo tres tantos en el 4-1 al Barakaldo y en el 4-3 al Levante.

En toda la historia de la Real sólo se había conseguido un 3-0 con los tres tantos del mismo jugador, la victoria que logró el equipo txuri urdin en El Sadar en la temporada 1980-1981 con Uralde como único goleador. Con estos tres goles, Vela suma ya 47 tantos de txuri urdin y se ha convertido en el decimotercer máximo goleador en Liga de la historia de la Real, muy lejos todavía de la extraordinaria marca de Satrústegui, con 133, superando de una tacada los 45 de De Pedro y los 46 de Epi. En total, Vela ha marcado 52 goles en la Real (los 47 mencionados en Liga, tres en Champions y dos más en Copa del Rey), con lo que ya es el tercer máximo goleador de la actual plantilla, sólo superado por los 56 de Xabi Prieto y los 57 de Agirretxe.

Y la marca lograda por Vela ante el Elche pudo ser todavía más histórica. En los últimos 30 años, sólo dos jugadores han conseguido marcar un póker en dos campeonatos ligueros consecutivos. Lo hicieron Hristo Stoichkov y Leo Messi, ambos con el Fútbol Club Barcelona. Vela se quedó a un solo gol de firmar semejante proeza después de sus cuatro goles al Celta de la pasada campaña ya mencionados, pero le queda toda la temporada para asaltar también esa marca y agrandar todavía más su leyenda, no sólo ya en la Real Sociedad sino en la historia de la Liga.

viernes, noviembre 28, 2014

REAL SOCIEDAD 3 - ELCHE 0 Un bestial Vela dinamita el análisis

Un bestial Vela canta el primero de sus tres goles.
Si este Real Sociedad - Elche no se hubiera medido por los goles, probablemente habría generado una opinión bastante cercana a la unanimidad en torno a lo mal partido que fue. Si David Moyes va a pedir intensidad a su equipo, ya tiene el vídeo perfecto para enseñarles qué es lo que no hay que hacer. Si Fran Escribá quiere una guía para corregir los errores de su equipo, este partido le va a resultar perfecto de aquí en adelante para sus explicaciones. Pero el análisis de partidos como éste, soporíferos y de bajísima calidad, quedan completamente dinamitados cuando un monstruo se pasea por el campo. Y hoy en Anoeta ese papel lo desempeñó Carlos Vela. Tres goles suyos arrancaron el encuentro de las sensaciones negativas que podría haber dejado y devuelven al mexicano a su brutal papel de estrella incuestionable del equipo txuri urdin, el único jugador que ahora mismo marca diferencias y a quien se debe esta imprescindible victoria que saca a la Real de la zona más baja de la tabla antes del paréntesis copero.

Con Vela como certeza más absoluta, Moyes no parece dispuesto a asumir ningún riesgo en sus onces iniciales, por mínimo que sea, hasta que no tenga un conocimiento claro de la plantilla, y por lo visto será en la Copa donde muchos jugadores tendrán que probarle que están en disposición de dar un paso adelante. El escocés prácticamente repitió el once que dispuso en Riazor, al parecer muy guiado por Santana, y sólo colocó en el campo a Xabi Prieto en lugar de Chory Castro. Como el partido cambió tan pronto es difícil decir que tipo de Real habríamos visto para intentar superar a un Elche defensivo. Cambió, sobre todo, porque la Real tiene a un auténtico jugadorazo sobre el campo, Vela, que sigue demostrando lo barato que es haber pagado lo que sea por él. En el minuto 3 ya había adelantado a la Real. Es verdad que la paupérrima defensa del Elche facilitó las cosas, con hasta tres jugadores cerca de él sin presionarle, pero su cabezazo es buenísimo para culminar una buena jugada de Canales con pase final de Carlos Martínez.

Casi a renglón seguido, Agirretxe tuvo que dejar el partido por lesión. En su lugar entró un Finnbogason que sigue mostrándose asombrosamente ausente en los partidos. Ni se muestra como rematador, porque apenas tuvo una ocasión de disparar aunque estrelló el balón en la defensa, ni participa demasiado en el juego, por lo que sus virtudes, y ya estamos en diciembre, son todavía un misterioso, más allá de algún buen movimiento que se le vio en la ya muy lejana eliminatoria europea contra el Aberdeen. El juego, eso sí, era bastante pobre, y así es difícil que lleguen buenos balones arriba. La Real, con el 1-0, decidió echarse muy atrás. Demasiado, habida cuenta del poco rival que había delante. Eso, aunque sea por inercia, acaba provocando situaciones de peligro en torno a la portería de Zubikarai, que de momento mantiene la titularidad. Elustondo, mal posicionado y poco hábil con el balón en los pies, estuvo metido en algunas de esas jugadas, dando más argumentos en contra de su reconversión a central, que no solventa los males de la Real, y de su titularidad cuando regresen Iñigo y Mikel, algo que sería complicado de entender.

En realidad, el resultado era lo mejor para la Real viendo lo que sucedía sobre el campo. Con nervios atrás en su defensa de circunstancias, con un Markel que sigue sin tener influencia en el juego ni defensivo ni ofensivo, con un Granero que apenas pareció tomar el mando durante dos minutos y que firmó una decepcionante actuación, con un Canales intermitente y como casi siempre de más a menos, y un Xabi Prieto totalmente desaparecido, era más que evidente que el partido tenía que desarrollar en campo de la Real. El Elche, con muy poco, dominó la pelota a su antojo pero evidenció que no tiene pegada. Salvo alguna intentona de Jonathas que nunca llegó a inquietar a Zubikarai, la única ocasión clara del Elche la tuvo en sus pies Damián, que se topó con una poco ortodoxa intervención del guardameta realista en su duro disparo desde la frontal. La Real, a cambio, volvió a evidencia lo inofensiva que es en las jugadas de estrategia y asumió su veladependencia. El mexicano hizo el 2-0 a la media hora, al aprovechar en carrera un fantástico servicio de Xabi Prieto, el único balón decente que tocó el capitán realista en todo el partido.

Ya con ese marcador, el propio Vela pudo incrementar su cuenta antes del descanso, con un tiro desde muy lejos que fue a las manos de Tyton. En realidad, esa jugada no estaba para ese tiro casi imposible, ¿pero quién le puede discutir algo a Vela cuando marca las diferencias con tanta claridad? Canales, antes de apagarse del todo, también dispuso de una buena ocasión, pero su disparo no encontró portería. En esa jugada, el cántabro recibió un leve agarrón dentro del área, una de esas típicas jugadas en las que se suele decir que si se tira se puede pitar penalti. Pero con Velasco Carballo no, a favor de la Real desde luego que no. El suyo fue otro de los muchos arbitrajes anticaseros que ve Anoeta con tanta frecuencia. Algo que ni siquiera fue falta de Ansotegi ya le costó la primera tarjeta amarilla en el minuto 6, cuando a jugadores del Elche les estuvo advirtiendo incluso durante la segunda mitad. Cómo le costó ver faltas hacia el ataque de la Real y qué fácil las veía cuando eran jugadores ilicitanos los que caían. Por eso, cuando en la segunda mitad Finnbogason fue derribado dentro del área tampoco quiso saber nada.

Al menos en esta ocasión el arbitraje no influyó en el resultado y la actuación de Velasco Carballo será olvidada. Pero es que para eso estaba Vela, que quería llevarse el balón del partido para su vitrina. El mexicano redondeó el hat trick en el minuto 53, asistido otra vez por Carlos Martínez. Vela dejó correr el balón en dirección a la portería y cuando vio opción de tiro enganchó un punterazo sensacional que golpeó el palo derecho del guardameta del Elche antes de colarse en el fondo de su portería. Un auténtico golazo de crack. Puestos a entrar en el inútil debate que gusta a la corte mediática deportiva por estas fechas, lo sorprendente es que en Anoeta no se escuchen gritos pidiendo el Balón de Oro para el mexicano, porque hace muchos años que no hay un jugador de su calibre vistiendo la camiseta txuri urdin. Eso sí, coreó su nombre con cariño y le despidió al ser sustituido con una justísima ovación. Antes de eso, la mejor intervención de Finnbogason en el partido sirvió para que De la Bella gozara de una espléndida ocasión para marcar, pero aquí Tyton sí estuvo acertado.

En realidad, el partido acabó con el 3-0, aunque todavía quedaran 37 minutos por jugarse. De hecho, a partir de ahí casi todas las noticias fueron más preocupantes que otra cosa. Finnbogason evidenció que, a día de hoy, no tiene el más mínimo instinto rematador, pues dispuso de una buena ocasión de disparar y se perdió en regates estériles antes de perder la pelota. La defensa dejó síntomas preocupantes, hasta el punto de que si el Elche no consiguió marcar fue simplemente por su inocencia. Como ejemplo, Carlos Martínez puso a Coro en bandeja una clara situación de gol con un pase muy deficiente, pero éste la mandó fuera. Pocos partidos habrá tenido Zubikarai tan plácidos como éste. Pardo, que fue el segundo recambio de Moyes, sigue lejísimos del chispeante jugador que nos deslumbró hace tres años. Se le ve nervioso y precipitado, aunque alterne errores con magníficos cambios de juego que nadie más sabe dar en este equipo. Y Chory Castro permaneció diez minutos en la banda después de que Moyes parara el cambio, lo que seguramente no fue algo positivo para el uruguayo, que apenas tuvo cinco minutos sobre el césped, en los que apenas pudo tocar la pelota.

Moyes lo dejó claro en la víspera: lo que más quería ante el Elche eran los tres puntos. La Real vistosa y emocionante que pidió no la pudo ver, pero la victoria se quedó en casa y eso era trascendental. A partir de ahí es donde comienzan las dudas, porque el equipo txuri urdin no encontró más fútbol que el que quiso Vela. Su estrella es tan desequilibrante que, estando ya en forma, se basta para ganar él solo partidos como éste. Lástima que empezara la temporada lesionado, porque eso ha ayudado a lastrar al equipo, pero conformarse con el juego que hizo la Real sólo porque el marcador final despliegue un 3-0 sería un grave error. Ganó, y ganó fácil, dejando además la portería a cero por segunda semana consecutiva, con el mérito añadido de que lo ha hecho con la defensa más circunstancial posible. Pero no jugó bien. Es más, hizo muchas cosas mal, porque el Elche pudo manejar el balón a sus anchas y llegó como quiso al área de Zubikarai. La diferencia estuvo, una vez más, en la calidad. En lo táctico y en lo estratégico todavía queda mucho trabajo, aunque con 13 puntos y alejándose de la zona de descenso se ven las cosas algo mejor.

jueves, noviembre 27, 2014

PREVIA Real Sociedad - Elche. El primer objetivo de Moyes, fortificar Anoeta

Vela ya marcó al Elche la pasada temporada.
Como buen técnico británico que es, David Moyes sabe que el primer objetivo de cualquier equipo que está en la parte baja de la tabla es fortificar su propio estadio. La visita del Elche (viernes, 20.45 horas, Anoeta, Canal + Liga y Gol TV) no sólo supone su primer partido como técnico txuri urdin en el estadio realista, sino también una gran oportunidad para que se empiece a tener la sensación de que no será fácil a partir de ahora sacar puntos de aquí. Dado que la Real ha desperdiciado una parte bastante amable del campeonato y teniendo en cuenta que esperan tres rivales europeos en las cuatro próximas jornadas (Villarreal fuera, Athletic y Barcelona en Anoeta), la victoria ante el Elche es innegociable si los realistas no quieren llegar a las Navidades sufriendo en la parte baja de la tabla. Y ese primer triunfo de la era Moyes tendrá que llegar con la defensa aún en cuadro y en un duelo ahora mismo directo.

A su gusto también muy británico por las sesiones a puerta cerrada, Moyes está uniendo en estas primeras semanas al frente de la Real la costumbre de posponer lo más posible la lista de convocados para el partido. Si a La Coruña se llevó 19 jugadores el mismo día del encuentro, para enfrentarse al Elche decidió esperar a la suave sesión del viernes por la mañana para realizar los descartes. Los tres jugadores que no estarán por cuestiones médicas serán todos defensas, Iñigo Martínez, Mikel González y Joseba Zaldua. Así, el técnico realista tendrá que descartar a dos jugadores más. Si se cumple lo visto en semanas anteriores, uno de ellos será Estrada, aunque la ausencia de dos centrales y un lateral le da opciones de entrar en su primera lista. Como el técnico escocés habló de algunos retoques y no de grandes cambios, no parece probable que incluya a alguien del Sanse que no sea el ya habitual Hervías.

Viendo el panorama, no da la impresión de que esos cambios se vayan a producir en la línea defensiva, aunque de momento sigue quedando la duda en la portería entre la continuidad de Zubikarai y la inclusión de Rulli. La línea de cuatro será la misma que en Riazor, con Carlos Martínez y De la Bella en los laterales y Ansotegi y Elustondo en el centro. Markel también parece fijo por delante de ellos. Si hay retoques como anuncia Moyes, estos podrían ser en el segundo integrante del doble pivote, con muchas opciones para que entre Pardo o incluso Zurutuza por Granero, y en la línea de tres mediapuntas, con el más que posible regreso de Xabi Prieto, por Canales o Chory Castro. Vela es innegociable y en ataque lo más normal sería que repita Agirretxe, aunque no es descartable que Finnbogason salga de inicio. Los demás parecen tener muchas menos opciones de tener un hueco en el once.

Antes del partido que abre la jornada, la Real ocupa la decimosexta posición en la tabla con diez puntos, los mismos que tienen los tres equipos que le siguen en la clasificación, dos de ellos en zona de descenso y uno de ellos precisamente el Elche desde la decimonovena posición, y tres por encima de la última posición que ostenta el Córdoba, el único equipo que todavía no ha ganado. Los puestos europeos están ahora mismo a once puntos de distancia. El conjunto txuri urdin ha perdido la mitad de los seis partidos que ha disputado en Anoeta, aunque es el escenario donde ha logrado sus dos únicos triunfos de la Liga. El Elche ha puntuado en la mitad de sus desplazamientos, ganando 2-3 al Rayo y empatando a dos en Almería y a cero en Getafe. La Real suma dos jornadas sin perder y cuatro de los seis puntos en juego desde que cesó a Jagoba Arrasate, mientras que su rival lleva tres jornadas sin ser derrotado, sumando cinco de los nueve puntos en disputa.

La historia está del lado de la Real en sus enfrentamientos en Donostia ante el Elche. Ambos equipos han disputado 18 duelos y sólo se ha producido una victoria del conjunto ilicitano, además en Segunda División. En Primera han sido 15 los enfrentamientos, con 13 triunfos para la Real y dos empates. La mayor goleada es el 5-0 de la temporada 1967-1968, con tres goles de Arambarri, uno de Canós en propia puerta y uno más de Arzak. Los ocho primeras visitas del Elche a Atotxa fueron victorias realistas, como lo han sido las cuatro últimas en Primera, tres en el viejo estadio y sólo una en Anoeta. En los encuentros en Segunda sí hay igualdad: tres partidos, una victoria para cada equipo (2-1 para la Real en la temporada 2007-2008, 0-1 para el Elche en la 2009-2010) y un empate (0-0 en la 2008-2009). El equipo ilicitano sólo ha sido capaz de marcar diez goles en esas 18 visitas a Atotxa y Anoeta y nunca ha logrado más de dos, aunque perdió las tres veces que llegó a esa cifra (4-2 en la 1959-1960 y 3-2 en las 1960-1961 y 1977-1978).

La pasada temporada, la 2013-2014, la Real logró una contundente goleada ante el Elche. 4-0 fue el resultado final, logrado en un partido muy completo y en las peores circunstancias. En una noche de perros, de lunes y en un horario infame, con sólo algo más de 10.000 espectadores (la peor entrada de la historia de Anoeta), la Real firmó una espléndida actuación, en la que hay que destacar a Griezmann, autor de un hat trick que el árbitro no le concedió aunque él se llevó el balón del partido. En un espléndido arranque, la Real ya ganaba por 2-0 en el minuto 11. Una vaselina de Griezmann tras un pase de Vela que Damián estrelló en el larguero antes de que entrara fue el primero y una contra que culminó de cabeza tras un pase de Xabi Prieto se convirtió en el segundo. Vela culminó su gran partido haciendo el tercero en una jugada personal nada más empezar la segunda mitad, y Griezmann redondeó el marcador tras un despeje fallido de Toño.

miércoles, noviembre 26, 2014

La insostenible e inexplicada situación de Estrada

Dani Estrada,  foto oficial de la 2014-2015.
En su primera convocatoria como entrenador de la Real, David Moyes decidió llevarse a La Coruña a 19 jugadores, todos los disponibles de la primera plantilla más Hervías, ya parte de la misma desde hace algunas semanas. Entre esos 19 futbolistas estaba Dani Estrada, que realizaba así su primer desplazamiento de la temporada. Poco antes del partido, la Real comunicó que Estrada era, precisamente, el único de los 19 que no se iba a vestir de corto. Era el descartado, una condición que lleva meses luciendo y que no deja de ser una muestra de la insostenible e inexplicada situación del jugador. Lo insostenible es bastante fácil de entender: la Real tiene en nómina a un futbolista que no alinea y ni siquiera convoca desde hace más de un año. No es ya que no juege desde el 24 de septiembre de 2013, cuando fue titular en la derrota de la Real en el Camp Nou por 4-1 de la sexta jornada de la pasada Liga, es que ni siquiera se ha sentado en el banquillo ni una sola vez.

Lo inexplicado de este tema es lo peliagudo. Se hada dado por hecho, aunque en realidad nadie desde el club haya ofrecido un relato firme y didáctico, que a Estrada se le ofreció la renovación porque la lesión que le tuvo varios meses alejado de los terrenos de juego fue culpa de un mal diagnóstico. Dos meses después de que tuviera que retirarse del Camp Nou, donde forzó para jugar ante la ausencia también por lesión de Carlos Martínez (otra pregunta quisquillosa sería por qué no se confió entonces en Zaldua, como sí se hizo no mucho tiempo después), los servicios médicos de la Real emitieron un parte en que hablaban de "dolor y limitación del rendimiento físico y deportivo como consecuencia de una lesión en su pie izquierdo" que se produjo en julio, de la que obtuvo en alta en agosto y de la que recayó en el mencionado partido en Barcelona. Se optó entonces por un tratamiento conservador. Estrada está en condiciones de jugar desde enero, pero aún así no llegó a entrar en convocatoria alguna en la temporada pasada.

Con apenas cinco partidos oficiales disputados en la campaña 2013-2014, tres de ellos en Liga y dos en Champions League, y la irrupción de Zaldua en el lateral derecho para competir con Carlos Martínez, muy pocos podían imaginar que la Real le ofreciera a Estrada la renovación de su contrato, que finalizaba en junio de este año. Pero se le ofreció y el jugador la firmó. Si este nuevo contrato fue o no una compensación al jugador por un diagnóstico erróneo de su lesión, como una oportunidad de mantener en la primera línea del fútbol profesional para que esa situación no le lastrara a la hora de buscar un nuevo equipo, es algo que efectivamente quedó en el aire. Sí se barajó en público como la opción más probable que este nuevo contrato no tuviera más intención que la de buscarle una cesión. Aunque al anunciar su renovación, Estrada dijo que tenía ganas de empezar de cero para buscar su hueco en la Real, era obvio entonces y lo es ahora que no tiene ninguno.

Loren, director deportivo del club y que a falta de otras explicaciones ha de verse como el máximo responsable de este asunto, dijo entonces que "si el entrenador se decide por otros jugadores, se buscará una solución que satisfaga a todos". La pregunta es, por tanto, quién puede estar satisfecho en estos momentos con la situación de Estrada. El club está pagando a un jugador al que no saca ningún rendimiento deporitvo. La dirección deportiva ha renovado a un jugador con el que no contaba el entrenador que comenzó la temporada ni tampoco parece que vaya a contar para su sustituto. Y el jugador vive semana tras semana la humillación de ser el único descartado claro, salvo que haya una plaga de lesiones que invite a sentarle en el banquillo. Y sus representantes, Bahía Internacional (que llevan también a Zurutuza y Markel, y han movido mucho dinero con jugadores como Illarramendi, Fernando Torres o Javi Martínez), no parecen capaces de encontrarle un equipo en el que jugar.

Y de este problema, porque es en lo que por desgracia se ha convertido Dani Estrada para la Real, sigue sin haber explicaciones. ¿Qué le ha dicho el club a David Moyes sobre él? ¿Y que le dijo el club al propio futbolista el pasado verano? ¿Se le va a buscar una salida ya en diciembre? Puede que no se sienta como algo urgente puesto que es un jugador que no molesta, que no va a levantar la voz y que seguramente se mostrará más agradecido por esta renovación que casi parece una limosna que inquieto por no tener la posibilidad de demostrar a otros clubes, de la división que sea, que sigue siendo un futbolista profesional. Pero el tema añade más dudas sobre el oscurantismo con el que se informa de las lesiones en la Real desde hace ya bastante tiempo, no es un buen mensaje para la cantera, y acaba siendo algo triste que este sea el humillante final que le espera a un jugador, mejor o peor a ojos de cada aficionado, que lleva siete temporadas en el primer equipo y que ha jugado 152 partidos con la camiseta txuri urdin y 66 con la del Sanse. Muy triste, en realidad.

lunes, noviembre 24, 2014

¿Será Moyes quien alce la voz ante los arbitrajes que padece la Real?

El clarísimo penalti de Lopo a Agirretxe en Riazor.
Cuando algo se repite constantemente, deja de ser una casualidad y pasa a convertirse en una costumbre. La actuación de los árbitros en los partidos que ha jugado la Real esta temporada está siendo terriblemente deficiente y eso es algo que cuesta puntos. Un error es admisible, pero cuanto todos caen del mismo lado la perplejidad e incluso la indignación están plenamente justificadas. Es difícil entender por qué esta cuestión acaba siempre oculta en el debate por las opiniones sobre el juego del equipo cuando son cuestiones que no tienen nada que ver. Lo que deciden los árbitros va por un lado, lo que puede controlar o disputar la propia Real en los partidos va por otro. Es así de sencillo. Que la Real no haya sido capaz todavía de tener una idea clara de lo que debe hacer en el campo no tiene nada que ver con el pernicioso efecto que las actuaciones arbitrales están teniendo en su cuenta de puntos.

Dentro de esas hipotéticas y ficticias clasificaciones que se establecen compensando los errores arbitrales, las cuentas son sencillas: la Real tendría que lucir en su casillero ocho puntos más. Una barbaridad que se desglosa de la siguiente manera: uno en Eibar, por el penalti no pitado a Canales; dos en Vigo, por el gol con la mano que anotó Larrivey; uno más ante el Almería, por el primer gol de los andaluces en fuera de juego; dos más por otro gol con la mano, esta vez de Xisco, del Córdoba; y dos más por el clamoroso penalti sobre Agirretxe que se fue al limbo en Riazor. Con esos ocho puntos, la Real tendría ahora mismo 18, los mismos que ahora disfruta el octavo clasificado, el Villarreal. Y eso sin contar el gol legal que el arbitro dejó en fantasma que Iñigo Martínez convirtió ante el Valencia, la no expulsión del malaguista Welligton todavía con 0-0 en el marcador o los hasta tres penaltis que se comió el colegiado ante el Atlético de Madrid.

Es bastante evidente que la táctica de la Real con los árbitros no funciona. Sobre el papel, es sin duda la más elogiable. Es la que respeta el trabajo de todos los que actúan durante un partido y la que se muestra respetuosa con la labor de quienes, por mucho que queramos, ni van a ver todo lo que sucede en un terreno de juego ni van a acertar siempre en sus decisiones. Pero en la práctica, lo que provoca es que la Real sea un equipo increíblemente fácil de arbitrar. ¿Que Vela sufre falta tras falta? No pasa nada, porque siempre se levanta, nunca da una vuelta de más y no consigue que sus jugadores rodeen al árbitro exigiendo amonestaciones como hacen tantos otros equipos. ¿Que el rival duplica en infracciones a la Real? No hay problema, porque es muy raro conseguir una expulsión (de momento, la del atlético Siqueira, y bien que se notó). ¿Que hay un penalti clamoroso o un error grotesco en su contra? Da igual, no hay protestas durante el partido o después de él, ni tan siquiera en la prensa afín y a veces ni siquiera lo lamenta la afición.

Es una de las cosas que David Moyes todavía tiene que aclarar, cómo va a reaccionar ante estos detalles más allá de que pasara por alto el penalti a Agirretxe en Riazor, pero en La Coruña dejó una alentadora muestra de carácter, lo que con tanta frecuencia demuestra la Real que no tiene en grandes cantidades, con el gesto que le hizo el banquillo del Depor en la jugada en que fue expulsado su preparador físico. Tranquilos, les dijo con la mano, en repetidas ocasiones y casi desafiante ante las protestas deportivistas. Puestos a recordar un precedente, aunque estuviera teñido de la pasión uruguaya, recordó a la forma en la que Martín Lasarte se enfrentó al banquillo del Levante en la temporada del ascenso. Para encontrar algo de raza frente a las provocaciones, probablemente ya haya que retroceder hasta John Toshack, un entrenador que nunca dudaba en alzar la voz desde la rueda de prensa o durante los partidos cuando se producían atropellos en contra de los suyos.

Viendo el perjuicio constante y las maneras que apunta Moyes, quizá sea hora de cambiar la táctica que ha seguido la Real durante los últimos años. No se trata de convertir al realista en un equipo pendenciero. Ni lo es, ni tiene mimbres para serlo, ni sería bueno que sufriera una deriva como esa. Pero quizá convenga que quede claro que estas cosas se ven. Sorprende que ante una acción como la que sufrió Agirretxe el sábado en La Coruña sólo él protestara al colegiado. Y sorprende aún más que siempre haya un tono comprensivo en los jugadores realistas al hablar de estas jugadas, incluso cuando los errores son grotescos e inverosímiles. ¿Cuántos puntos más tendrán que volar por las decisiones arbitrales, nada difíciles la mayoría de las que han perjudicado hasta ahora a la Real, para que nos demos cuenta de la gravedad de la situación? ¿Y será David Moyes quien por fin alce la voz ante esta situación?

domingo, noviembre 23, 2014

CLUB DE CAMPO 3 - REAL SOCIEDAD 0 La Real se deja el liderato en Madrid

El 1-0 llegó de penalti córner.
Tuvo que ser de nuevo en el Club de Campo. La exigente prueba que siempre supone la cancha madrileña para la Real supuso la segunda derrota de la temporada, la pérdida del liderato, que se lo queda el propio Club de Campo, e incluso de la segunda posición, que ahora ocupa el Polo. El resultado, que trunca una racha de seis victorias consecutivas, fue merecido, e incluso pudo ser más contundente que el 3-0 que reflejó el marcador final. El equipo de Xabier Gorrotxategi pagó una mala primera mitad y, sobre todo, la diferencia de acierto en los penalti córners. Si la Real dispuso de hasta cuatro y no logró materializar ninguno, el Club de Campo marcó los dos primeros de los tres que tuvo y llevó al marcador una losa demasiado pesada, incluso a pesar del buen inicio de las neskask de txuri urdin tras el descanso.

El partido ya comenzó torcido para la Real, con un Club de Campo que salió al terreno de juego con ganas de dominar. No obstante, en el primer cuarto no hubo grandes ocasiones de peligro en ninguna de las dos porterías a excepción del primer penalti córner que desaprovecharon las realistas, bien ejecutado por Emma pero con una respuesta sensacional de la guardameta local. A pesar de la clara posesión de la pelota en poder del Club de Campo y el juego discurriendo muy cerca de la portería de María, el segundo cuarto comenzó algo frío. Pero en su ecuador se dispararon las hostilidades y el intercambio de ocasiones. Una internada de las madrileñas por la banda derecha provocó su mejor llegada del encuentro. Respondió Poli con una sensacional galopada que finalizó Emma con un disparo fuera, y la misma jugadora lo intentó sin éxito en el minuto siguiente.

Así fue el 2-0, también de penalti córner.
A renglón seguido, cuando quedaban menos de cinco minutos para el final del segundo cuarto, el Club de Campo se cobró su primer penalti córner del encuentro y lo ejecutó con maestría, logrando un auténtico golazo gracias una ejecución perfecta de la jugada de estrategia. Hasta el descanso, la Real sufrió para mantener la desventaja por la mínima, pero tras el ecuador salió con mucha fuerza en busca del empate. El partido cambió, el dominio era realista y la portería que se rondaba era la del Club de Campo. Ese tercer cuarto fue claramente de color txuri urdin, pero las neskak fallaron todas sus oportunidades de igualar, las buenas jugadas en las que conectaron Poli y Emma y hasta tres penalti córners que lanzaron en un intervalo de apenas cuatro minutos. Patri tuvo la ocasión más clara en el segundo de ellos, pero su disparo se fue arriba.

El 3-0 definitivo, esta vez en jugada.
Cuando el empate parecía más que posible, las opciones de la Real acabaron nada más iniciarse el último cuarto. Apenas había transcurrido medio minuto y el Club de Campo hizo el 2-0, de nuevo aprovechando un penalti córner, sellando de forma casi definitiva el destino del partido. Al equipo txuri urdin, que ya no tuvo opciones de remontar, se le hizo larguísimo este cuarto final. Encajó el 3-0, esta vez en jugada, cuando quedaban más de once minutos de partido, y de ahí al final sólo el Club de Campo pudo mover el marcador, sobre todo con un nuevo penalti córner a nueve del final y con otra clarísima ocasión todavía con siete minutos por delante. A pesar del buen tercer cuarto, la derrota de la Real fue justa. La cancha del Club de Campo, nuevo líder y no hay que olvidar que vigente campeón de Liga y Copa de la Reina, sigue teniendo la categoría de maldito para la Real, aunque hoy no haya nada que objetar al resultado.

DEPORTIVO 0 - REAL SOCIEDAD 0 Mucho trabajo por delante

Moyes, en su debut con la Real.
Empate a cero en Riazor y una conclusión evidente: David Moyes tiene mucho trabajo por delante. La Real tiene una buena base, y eso es lo que mostró en una correcta primera mitad, en la que debió adelantarse en el marcador pero en la que no logró materializar ninguna de sus ocasiones. Ahora bien, cuando pierde la intensidad que le ha pedido el técnico escocés, la misma que Jagoba Arrasate no consiguió sacar más que con cuentagotas en los últimos meses de su estancia en el banquillo txuri urdin, se convierte en un equipo blando, sin ideas y claramente batible. La mejor noticia es que, en esa segunda y pobre versión, la Real consiguió aguantar su portería a cero, algo que no había hecho todavía en lo que llevamos de Liga, pero dio la impresión de que fue más por demérito de un limitado rival, un Deportivo que transita por la tabla con las mismas dudas y los mismos puntos que la Real con un equipo bastante inferior.

Moyes apostó por lo más conservador y previsible en su primera alineación y limitó los cambios a lo que era necesario y a lo que devolvía la veteranía al equipo. Introdujo cuatro modificaciones en el once inicial con respecto a la victoria ante el Atlético, los mismos que, como se recordó durante la semana, efectuó en el Everton cuando se hizo cargo del equipo inglés. Tres de ellos en la defensa, los dos centrales y el lateral izquierdo. Ansotegi y Elustondo, los únicos centrales claros ante las bajas de Iñigo Martínez y Mikel González, formaron esa línea y De la Bella entró por Yuri. Arriba, Canales ocupó el lugar en la derecha de Xabi Prieto, con Vela como mediapunta en un claro 4-2-3-1. Quizá lo más destacable es que mantuvo a Zubikarai bajo palos y que dejó por el momento en el banquillo a Pardo. El cambio, en realidad, vino en las sensaciones. En ataque, y sin necesidad de llegar a un torrente de llegadas, se recuperó algo de la chispa perdida y sólo vista en momentos muy puntuales de la actual temporada. Pero en defensa las sensaciones no fueron tan contundentes.

La retaguardia realista, muy poco exigida en los primeros 45 minutos, agradecía que el rival fuera un Deportivo que se mostró bastante inofensivo y que sólo encontraba huecos por las bandas. Sobre todo De la Bella sufrió muchísimo por la izquierda en su regreso al equipo, aunque Carlos Martínez tampoco estuvo demasiado cómodo. Y el doble pivote no terminó de funcionar, algo que tampoco es noticia en la Real. A Markel se le vio fuera de sitio con demasiada facilidad y, como es costumbre, en la primera mitad, cuando los dos equipos mantienen las fuerzas intactas, fue el centrocampista de la Real que menos balones robó. En realidad, el equipo de Moyes jugó a tirones. A ratos muy bien, llegando con bastante facilidad hasta el área de Fabricio. Una presión más intensa, una velocidad más a la hora de cercar la salida del rival, y esta Real deja atrás las sensaciones tristes y parece otra. Achacárselo a Moyes después de sólo una semana de entrenamientos puede ser exagerado, pero es evidente que los jugadores le han visto las orejas al lobo y saben que, tras el cese de Arrasate, han perdido el parapeto que tenían.

Salvo esos mencionados centros desde la banda por parte del Deportivo, que encontraron buenos despejes de Ansotegi, de largo el mejor defensor realista, y en algún caso de Zubikarai, todas las ocasiones de gol de la primera mitad tuvieron color txuri urdin. Agirretxe probó de espuela, Canales estrelló un disparo en el rostro de Fabricio (aunque la jugada debió ser anulada por fuera de juego, puesto que Agirretxe, en la trayectoria del balón y en posición ilegal, se agachó para no entorpecer el tiro), Vela tuvo las más claras en sus botas primero con un buen disparo desde la frontal que el portero deportivista envió a córner y después un tiro tras una buena jugada de Chory desde la izquierda que no cogió portería a pesar de que el mexicano quiso asegurar con el interior, el propio Chory malogró con un deficiente control una maravillosa asistencia de Agirretxe, y en la última jugada del primer tiempo Sidnei estuvo a punto de marcar en propia puerta de cabeza.

Que la Real fuera capaz de generar todas esas ocasiones sin necesidad de hacer un gran partido habla bien a las claras de que este equipo sigue siendo un gigante dormido. Pero es un gigantes con pies barro, que además sigue sufriendo en la parcela arbitral. Así, se le escamoteó un descomunal penalti a Agirretxe, agarrado hasta el extremo en un córner por Lopo sin que el colegiado quisiera saber nada, perjudicando con claridad a la Real una semana más, y ya van demasiadas. Antes, De la Bella había forzado la marca demasiado en dos saques de esquina, pero ni por asomo infringió el reglamento con tanta claridad como lo hizo la defensa deportivista en esa jugada con Agirretxe. En lo que depende de la Real, Moyes ya tuvo ocasión de tomar muy buena nota de que en la estrategia el equipo sigue actuando a un nivel inaceptable, tanto en ataque (ni Granero ni Canales pusieron una falta en condiciones) como en defensa. Y además comprobó que cuando la intensidad desaparece no hay absolutamente nada que hacer para ganar un partido. Eso es lo que sucedió en la segunda mitad.

Todo lo que en el primer acto pareció funcionar, en la segunda se convirtió en una pesadilla. La chispa en ataque desapareció con la misma rapidez que la facilidad con la que la Real llegaba a campo contrario. Cada jugada del Depor, bastante inofensivo en realidad por mucho que rondara el área de Zubikarai, se convertía en un patadón a seguir de un defensa realista, en un despeje en largo con el único propósito de alejar la pelota y tomar aire para la siguiente acometida de los locales. Mientras Canales, Chory Castro y Vela bajaban escandalosamente su rendimiento, quizá sólo el mexicano siguió intentándolo con algo de ahínco, y Agirretxe veía como el partido se jugaba lejos de su zona de influencia, Granero perdió presencia y Markel apenas pudo aportar un par de cortes incisivos que, como ya es habitual, mejoraron sus estadísticas en la segunda mitad. Salida de balón, ninguna. Y ocasiones, salvo algunos desafortunados y equivocados disparos lejanos, sólo una buena salida de Pardo ya cerca del final que concluyó con un disparo de Vela al lateral de la red.

El Depor, no obstante, no supo sacar partido de su clara superioridad psicológica y de posesión, estadística que volteó claramente en la segunda mitad después de haber sufrido en la primera. En el minuto 66, Insua estuvo a punto de marcar aprovechando la brutal debilidad realista en los córners, pero su extraño remate con el cuerpo llegó blandito a las manos de Zubikarai. En realidad, esa fue la única ocasión clara de gol del conjunto local, junto a un disparo de José Rodríguez en el minuto 83 que el guardameta realista, de forma no demasiado ortodoxa, envió al lateral de la red y, por tanto, a córner. Poco después, y acentuando una sensación de presión deportivista bastante acusada, el propio Zubikarai tuvo que despejar un comprometidísimo pase atrás de Elustondo, una jugada que viene a confirmar que no tiene la habilidad para ser el central que necesita este equipo, mucho más en ausencia por lesión de los dos titulares de la Real que llegó a la cuarta posición y a la Champions.

Si Moyes quería un curso acelerado para aprender qué es la Real, Riazor se lo brindó. El equipo mostró en La Coruña lo que sabe hacer, pero también lo que no domina en absoluto. El escocés mantuvo una de las señas de identidad de la Real en los últimos años y tardó bastante en hacer los cambios, algo que sólo se puede justificar en el todavía escaso conocimiento que tiene de los suyos viendo el mal rendimiento del equipo en la segunda mitad. Lo primero que dejó entrever es que Pardo puede ocupar posiciones más adelantadas que de costumbre, llegando a la mediapunta. El riojano fue el primer elegido y entró en el campo ya en el minuto 69 por Chory. Después Canales pidió el cambio y el que entró en su lugar fue Hervías, al que sólo se vio en un disparo lejano, y a Finnbogason apenas le dio tres minutos en lugar de un batallador Agirretxe, en una sustitución que no modificó absolutamente nada. Moyes ha andado con pies de plomo en este su primer partido y cabe pensar que habrá sacado buenas conclusiones para el futuro.

El empate no saca de pobres ni al Depor ni a la Real, y les lleva a seguir parejos en la tabla con diez puntos. El equipo txuri urdin sigue sin ganar fuera de casa, pero al menos ya ha roto una de las más lamentables estadísticas que acumulaba en la presente temporada: por primera vez ha conseguido no encajar un gol. Quizá ese y el punto conseguido sean poco premio para el entusiasmo que había generado la llegada de Moyes, pero el técnico escocés ya lo había advertido en la previa: necesita tiempo. Si el equipo no sabe aprovechar sus mejores momentos en los partidos, y en Riazor los tuvo en la primera mitad, las ventajas que pueda aportar Moyes en lo táctico aún tardarán en surtir efecto. Eso tampoco debería explicar el enorme bajón que sufrió la Real en la segunda mitad y sigue acentuando la sensación de que los propios jugadores tienen la llave para salir de esta situación. Pero al menos se suma. Poco de momento, pero se suma. Y a pesar de que este empate es una decepción, acumular cuatro puntos en dos partidos no es mal arranque para la nueva era tras el cese de Arrasate.

viernes, noviembre 21, 2014

PREVIA Deportivo - Real Sociedad. David Moyes, día 1

Riazor vio a la Real clasificándose para la Champions en 2013.
David Moyes, día 1 (sábado, 22.00 horas, Riazor, Energy). Arranca la andadura en la Real del entrenador que más expectación ha despertado en muchos años y lo hace con el reto de ganar por fin a domicilio, algo que el equipo txuri urdin todavía no ha conseguido en lo que llevamos de temporada, y con la pretensión de confirmar las espléndidas sensaciones que dejó el conjunto en la gran victoria ante el Atlético de Madrid. Es altísimo el interés que se ha suscitado por conocer las primeras decisiones de Moyes, pero incalculable el valor clasificatorio y sobre todo moral que tendría una victoria ante el Deportivo de la Coruña. El ruido mediático ha de dejar paso ya a lo deportivo y el técnico escocés tiene que enseñar ya sus primeras cartas. No deja de ser curioso que el escocés arranque su periplo en la Real en el mismo escenario en el que Philippe Montanier cerró el suyo hace apenas año y medio.

Para su debut como técnico realista, Moyes ha preferido ocultar sus bazas todo lo posible, favorecido por un horario de juego que, como británico, le debe gustar muy poco. La Real viaja a La Coruña después de entrenar en Zubieta el mismo día del partido, y será entonces, horas antes del choque, cuando se conozca la convocatoria. El único descartado de antemano es Mikel González, que terminó lesionado el encuentro ante el Atlético. Xabi Prieto también lo tiene complicado para entrar en el grupo, mientras que los otros tocados durante la semana, Iñigo Martínez, Granero y Zurutuza, parecen estar recuperados y a disposición del técnico. Contando con la presencia de Hervías en el grupo del primer equipo, Moyes tendrá que descartar a cuatro jugadores. Si el capitán es uno y Estrada otro, quedarían dos plazas por asignar. Como es lógico, con un entrenador nuevo las preferencias cambiarán, por lo que nada se puede descartar de antemano.

Tan difícil es adelantar los descartes como el once inicial. Que no se espere una revolución parece ir más por el apartado técnico, manteniendo el 4-2-3-1 que tan bien funcionó ante el campeón de Liga, que por la elección de los jugadores. Salvo Iñigo Martínez y Vela, todo lo demás es susceptible de cambio en ese primer once de Moyes. Las apuestas más plausibles indican que Rulli será el portero elegido, que Elustondo acompañará a Iñigo en el centro de la zaga, que De la Bella y Carlos Martínez serán los laterales y que Markel estará por delante de ellos. Viendo el mimo con el que ha tratado el técnico escocés a Pardo y Canales sería extraño que no les diera un puesto en el centro del campo. Chory se mantendría en la izquierda y Agirretxe, autor del gol del triunfo ante el Atlético, en ataque. Pero jugadores como Zaldua, Ansotegi, Granero, Zurutuza o Finnbogason bien podrían colarse en el equipo.

La victoria que logró la Real comandada por Asier Santana ante el Atlético de Madrid permitió al equipo romper una racha de ocho jornadas sin ganar y, además, abandonar la zona de descenso. Con 9 puntos, ocupa la decimoquinta posición, aunque esté igualada con otros cuatro equipos que quedan por debajo por el gol average. Los puestos europeos están ahora mismo a doce puntos de distancia. El Deportivo es otro de esos equipos que suma nueve puntos y es decimoséptimo. Espanyol, Córdoba y la propia Real son los únicos conjuntos que no conocen la victoria a domicilio. Los tres han sumado únicamente dos puntos y son los peores de la Liga fuera de sus estadios. En el caso de la Real, empató en Vigo a dos y en Córdoba a uno. El equipo gallego apenas ha sido capaz de ganar uno de los cinco partidos que ha diputado en Riazor, 3-0 al Valencia, y suma tres jornadas sin ganar.

No es La Coruña uno de los escenarios más propicios en la Liga para la Real, que ha jugado allí en 37 ocasiones y sólo ha conseguido la victoria en siete. En Primera son 32 los enfrentamientos entre Deportivo y Real, con un bagaje de 18 victorias para los coruñeses, seis para los donostiarras y ocho empates. El triunfo txuri urdin más claro es el 0-2 de la temporada 1969-1970, con goles de Gaztelu y Arambarri. De hecho, es la única vez que la Real venció por más de un gol. La mayor goleada del Deportivo fue el 5-0 de la temporada 1955-1956. La estadística se completa con cinco encuentros en Segunda División, categoría en la que la Real no consiguió ganar nunca en La Coruña, y con el encuentro de la fase de ascenso de la temporada 1940-1941, donde sí logró el triunfo por 3-4. Curiosamente, también marcó cuatro goles en la campaña 1949-1950, pero eso sólo le sirvió para empatar.

La última visita de la Real a Riazor tiene un claro carácter histórico. Fue en la última jornada de la temporada 2012-2013 y la victoria por 0-1 que logró el equipo entrenado por Montanier sirvió para alcanzar la cuarta plaza y la clasificación para la previa de la Champions League, coronando una Liga espléndida. Mientras el Sevilla conseguía derrotar al rival realista, el Valencia, por 4-3 y con cuatro tantos de Negredo, la Real hizo lo que debía y venció en Riazor. Griezmann hizo el único tanto del partido en el minuto 21 al empujar al fondo de la red un despeje de Aranzubia tras el disparo de Agirretxe. La Real respondió nerviosa al empuje de un Depor que tenía que ganar para seguir en Primera. Montanier echó el equipo atrás, colocó una defensa de cinco y la tensión creció cuando Markel fue expulsado a siete minutos del final, pero la Real aguantó el 0-1 y celebró su histórico pase a la Champions mientras el Deportivo lloraba su descenso.

jueves, noviembre 20, 2014

¿A entrenador nuevo, victoria segura?

David Moyes, en su presentación.
David Moyes debutará este fin de semana como entrenador de la Real Sociedad. Y ya se sabe que una de esas máximas no escritas del fútbol es aquella de "a entrenador nuevo, victoria segura". ¿Pero se cumple en el caso de la Real? Sólo a medias. Hasta 18 entrenadores se han hecho cargo del equipo con la competición ya en marcha, y los datos reflejan una igualdad total en la estadística: siete debutaron con victoria, otros siete lo hicieron con derrota y los cuatro restantes con empate. Los datos de la Real mejoran cuando el relevo del entrenador cesado se estrena ante la afición txuri urdin. Cinco de los nueve que debutaron en casa lo hicieron con victoria y sólo dos con derrota. Los datos a domicilio son inversamente proporcionales: sólo dos lograron ganar y cinco perdieron. Tanto en casa como fuera, dos técnicos inauguraron su trayectoria en el banquillo realista con un empate.

Los dos últimos debuts en Primera División, los de José Mari Bakero y Miguel Ángel Lotina, se saldaron con derrota. El primero cayó 2-0 en Getafe en la temporada 2005-2006 y el segundo 0-1 en Anoeta contra el Villarreal una campaña más tarde. El último entrenador realista en estrenarse con victoria en Primera fue Gonzalo Arconada en la mencionada campaña 2005-2006 y antes de dejar su puesto al propio Bakero, con 2-1 ante el Mallorca. Ningún técnico txuri urdin se ha estrenado antes contra el Deportivo de la Coruña como tendrá que hacerlo Moyes. Hasta 14 equipos diferentes han visto una circunstancia así, siendo el Hércules el único que ha visto a tres técnicos debutantes realistas, Patxi Gamborena en la temporada 1941-1942, José Antonio Irulegi en la 1975-1976 y Juanma Lillo en la 2007-2008.

Jugando la Real como local, los cinco entrenadores que iniciaron su andadura en el equipo txuri urdin con un triunfo fueron Joseba Elizondo en la temporada 1959-1960 (4-0 al Indautxu en Copa), Andoni Elizondo en la 1975-1976 (2-1 al Córdoba), Roberto Olabe en la 2001-2002 (1-0 al Espanyol) y los mencionados Arconada en la 2005-2006 y Lillo en la 2007-2008 (2-1 al Hércules). Algunas estadísticas considerarán también en esta categoría a Asier Santana y su victoria de hace unos días por 2-1 ante el Atlético de Madrid Los empates fueron los de Marco Antonio Boronat en la 1988-1989 (a cero con el Cádiz) y John Toshack en la 2000-2001 (1-1 ante el Zaragoza). Los que perdieron fueron Periko Alonso en la 2000-2001 (1-4 ante el Real Madrid) y el antes citado Lotina en la 2006-2007.

Los dos únicos técnicos que inauguraron su andadura txuri urdin lejos de Atotxa o Anoeta con un triunfo, a los que buscará emular Moyes en Riazor, fueron Javier Irueta en la campaña 1995-1996 (0-1 ante el Valencia) y José Ramón Eizmendi en la 2007-2008 (1-3 al Córdoba). Los empates los arañaron Irulegi en la 1975-1976 (a cero, ante el Hércules) y Salva Iriarte en la 1994-1995 (también a cero, contra el Betis). Las derrotas las cosecharon Gamborena en la temporada 1941-1942 (3-1 contra el Hércules), Joseba Elizondo en la 1961-1962 (1-0 contra el Real Madrid), Javier Expósito en la 1990-1991 (2-1 en Mallorca), Javier Clemente en la 1999-2000 (1-0 contra el Betis) y Bakero en la 2005-2006 (el ya apuntado 2-0 ante el Getafe).

lunes, noviembre 17, 2014

El Aperribay ambicioso está feliz

Aperribay y Moyes, sonrientes en la presentación.
Tengo siempre en la cabeza un detalle sobre Jokin Aperribay que en su momento pasó muy desapercibido. En plena celebración por la cuarta posición que se logró al final de la temporada 2012-2013, el presidente de la Real exigió a sus jugadores que pagaran la apuesta que le debían, a pesar de el equipo hubiera quedado en esa posición y no en la tercera que él había vaticinado. Éramos pocos, muy pocos, los que veíamos ese potencial en la plantilla que manejaba Philippe Montanier, ya incluso desde el primer año del técnico francés en el banquillo txuri urdin, y que Aperribay fuera uno de ellos me resultó muy llamativo. Más si tenemos en cuenta que ni Montanier ni los jugadores se habían permitido siquiera hablar de Europa como uno de los objetivos de la temporada mientras su presidente les andaba comparando con la generación realista campeona de los 80. ¡Como para pensar en la Champions!

El caso es que siempre he visto en esa confesión de Aperribay una de las razones no admitidas por las que Montanier no sigue siendo entrenador de la Real. Hay muchos aficionados que guardan un espléndido recuerdo del francés, pero pienso que Aperribay tiene clavada la misma espina que yo. Si no hubiera desperdiciado la primera temporada y si el equipo no hubiera dilapidado las diez primeras jornadas de la segunda, en las que sólo consiguió diez puntos (no olvidemos que Arrasate fue cesado con seis en ese mismo número de partidos), esa Real con una base casi idéntica a la del equipo que había logrado el ascenso a Primera más el ambicioso añadido de Vela podría haber logrado esa tercera plaza que fue para el Atlético de Madrid con diez puntos más que el equipo txuri urdin. Con esa frase, Aperribay se reveló como la persona más ambiciosa que hay en el entorno de la Real. No tengo ninguna duda al hacer esa afirmación, a pesar de que algunos de sus movimientos evidentes para todos no hayan contribuido a dar esa imagen.

Es absurdo pensar que Aperribay no ha cometido errores, y puede que el de Arrasate, por las razones que sea, sea el más claro de su mandato. Pero volviendo la mirada atrás sólo unos meses, este mismo verano no le tembló la mano al presidente realista para firmar los dos fichajes más caros de la historia del club, los de Vela y Finnbogason. Y ahora, sean o no ciertas las cifras que se han publicado (y que Aperribay ha negado), ha apostado con firmeza por traer al entrenador mejor pagado de los más de cien años de vida de la Real. El fichaje de David Moyes devuelve a Aperribay al terreno más ambicioso de su mandato en la parcela deportiva. Es más, le sitúa en las cotas más altas de ambición que le permite su cargo. El Aperribay ambicioso está feliz, y se le notó en la presentación del técnico escocés. Y Moyes, de momento, ha respaldado con todas sus afirmaciones esa ambición de Aperribay. Por encima de cualquier otro detalle, eso es lo que más ilusión despierta del nuevo entrenador. Justo lo que le ha faltado a la Real desde la eliminatoria de Lyon.

Desde aquella grandiosa eliminatoria, todo se ha ido torciendo poco a poco y a veces incluso sin razón. La Champions era para disfrutar, una experiencia muy bonita, y no importó que se sumara un único punto, que se anotara un triste gol que ni siquiera sirvió para sumar y que el último partido sobrara. La séptima posición en la Liga, pese a la debacle de los últimos meses de campeonato, era un objetivo cumplido, por mucho que eso obligara a disputar dos rondas previas que, curiosamente, acabaron siendo el principio del fin del ciclo de Jagoba Arrasate. Hasta Krasnodar parece que se asumió sin demasiada congoja pese a ser un ridículo de dimensiones históricas. Nadie parece haber acompañado a Aperribay en su ambición desde Lyon. La semifinal de Copa fue la mayor excepción a ese conformismo. La Real no la tiró, no se rindió pese al clarísimo perjuicio arbitral del partido de ida o a que jamás había remontada una eliminatoria así ante el Barcelona. El "tenemos escudo" de Jagoba, pese a todos los palos que ha recibido por su forma de actuar, y muchos de ellos merecidamente, fue uno de los pocos rasgos ambiciosos de la Real en ese periodo.

Moyes habla muy bien. Es convincente ya desde la mirada. Siempre sereno pero contundente. Parece tener muy claras las ideas y habló con una enorme sintonía con Aperribay en todo, desde la forma en que se fraguó su fichaje hasta las necesidades actuales del equipo. Sabe que todavía tiene que ver mucho más antes de tomar decisiones contundentes, pero por lo pronto, no me imagino al escocés sufriendo un arbitraje tan escandaloso como aquel de la semifinal de Copa en el Camp Nou y permaneciendo tan impasible como se muestra toda la Real en conjunto ante situaciones como esa. Moyes va a alzar la voz cuando sea necesario, dentro y fuera del vestuario, y da la sensación de que eso es justo lo que necesita esta plantilla que ayudó a Arrasate a caer con su conformismo. La proclama de Moyes sobre la importancia de ganar dentro de un modelo de crear fútbol que satisfaga al público es algo bastante novedoso. Montanier no hablaba así. Arrasate tampoco. Lasarte sí tenía esos ademanes, pero sabía de dónde venía, del infierno de Segunda donde la Real tenía otras exigencias. Ahora la Real está en disposición de dar ese salto ambicioso.

Aperribay nunca ha tenido un atisbo público de autocrítica (resulta evidente que internamente sí, dado que a un técnico del perfil de Arrasate le sucede otro del prestigio e historial de Moyes) y se retuerce incómodo en su butaca cuando hay alguna pregunta, pocas, que le saca de ese edén ambicioso en el que vive. No le gusta que le afeeen la designación de Arrasate, aunque fuera de un perfil más pequeño que este fichaje de Moyes y una aparente y nunca del todo bien explicada contradicción con ese carácter ambicioso. Pero ahora está claro que el giro es radical. Arrasate fracasó a la hora de hacer realidad la ambición de Aperribay, pero no fue el único. Illarramendi, Bravo y Griezmann no creyeron en ella y abandonaron el barco. Quienes se han quedado, llevan meses empequeñeciéndose salvo en las victorias ante Real y Atlético de Madrid. Y ahora Moyes es el primero que ha de responder a la ambición del presidente. De él depende que se haga realidad la apuesta que seguro que Aperribay ya ha lanzado a los suyos. Y la de llegar a la Champions la ganó.

lunes, noviembre 10, 2014

Se lo cree Granero, nos los creemos todos

La felicidad es txuri urdin. La tristeza, de Griezmann.
Paolo Futre, ex jugador del Atlético de Madrid que en los últimos tiempos se ha significado por pegar gritos de hooligan en las retransmisiones de Televisión Española de partidos de su antiguo equipo o por acudir a un partido con el Frente Atlético con su bufanda al cuello, publica hoy un artículo en el diario Marca. En él, bajo el título Granero, no te lo crees ni tú, arremete contra el realista por las declaraciones que hizo el pasado viernes sobre la decisión de Griezmann de dejar la Real para fichar por el Atlético de Madrid. Para empezar, el portugués hace mal su trabajo al escribir su opinión sin corroborar lo que realmente dijo Granero, aludiendo no se sabe muy bien por qué a que las palabras  del realista puedan estar sacadas de contexto. Y para seguir, es evidente que Futre no entiende nada de lo que supone el fútbol, por mucho que se haya dedicado durante tantos años a practicar este deporte. Pero vayamos por partes.

La Real publica los vídeos de todas las ruedas de prensa, y la explicación de Granero se encuentra aquí, a partir del minuto 5.36. Esta es la transcripción de sus palabras sobre Griezmann: "Él tomó una decisión, él piensa que cambiar la Real Sociedad por el Atlético es un salto de calidad y en eso no estoy de acuerdo. (...) No, para mí no es un salto de calidad, pero entiendo que para él lo sea o que para algún otro jugador lo sea. Yo he jugado en el Real Madrid y tú me dirás que el Real Madrid es más grande que el Atlético de Madrid. Después del Real Madrid he jugado en otros equipos y he jugado en la Real y yo no siento que en este club estoy por debajo de cualquier otro club en el que he jugado. No sólo sólo es cuestión de ser campeón de Liga, subcampeón de Europa o tal, sino una cuestión de principios, de identidad o de valores de club. Y, obviamente, en ese sentido respeto a Antoine, que es un buen compañero, un amigo y un gran jugador, y le deseo lo mejor como te digo. Pero digo que no comparto la opinión de que pasar de la Real Sociedad al Atlético de Madrid sea un salto de calidad, ni mucho menos".

No hay equívoco posible. No son palabras sacadas de contexto. Son sencillamente, la expresión de que lo que piensa Granero y, por mucho que pueda sorprender a Futre, de lo que pensamos muchos. Sin duda, todos los que estaban presentes en Anoeta y recibieron a Griezmann con silbidos, que no fueron pocos. Y, en realidad, es lo que pensamos casi todos los que sentimos los colores de la Real. No se trata de negar evidencias y la más clara de todas es que, ahora mismo, el Atlético de Madrid es campeón de Liga, subcampeón de Europa y, por tanto, un equipo por encima de la Real en los parámetros futbolísticos que queramos analizar. Pero sorprende que un tipo tan abiertamente pasional como Futre no entienda lo que dice Granero. Si Diego Costa hubiera fichado por el Real Madrid, ¿él lo habría considerado como un salto de calidad? Probablemente no, ¿verdad? El portugués seguramente habría apelado entonces al sentimiento atlético, a la identidad de su equipo. Pero responde como un hooligan y no como alguien que merezca un espacio en los medios. Por eso la prensa vive en el desprestigio que vive ahora mismo, claro.

Contestar a Futre es seguramente una pérdida de tiempo. Granero habló con sosiego y Futre entró al trapo. La victoria de la Real habrá conseguido que este artículo del antiguo astro portugués tenga un tono mucho menos dañino del que sin duda habría tenido en caso de haber sacado el Atlético los tres puntos de Anoeta. Pero en todo caso, y sin que estas líneas sean un intento de sacar partido de esa victoria txuri urdin, viene muy al caso responder a Futre. Granero, que por cierto hizo un espléndido partido, puso palabras a un sentimiento, no a una estadística. La Real es especial. No es grande por sus títulos, que los tiene, ni por sus marcas futbolísticas, que también las luce con orgullo. La Real es mucho más que eso. La Real es grande en sus miserias y en sus proezas. Es única por su identidad, por sus valores, por su forma de ser, por su cantera, por su afición. Hay mil instantes, mil historias, mil jugadores, mil partidos por los que cualquiera que luzca el escudo de la Real puede sentir un orgullo infinito. Granero lo ha entendido. Futre no. O no ha querido entenderlo por un muy mal expresado orgullo para con su propio equipo. Así de simple.

Que Futre haya saltado así ante las palabras de Granero brinda una oportunidad extraordinaria para, eso sí, pegar un merecido palo a los nuestros por su tibieza. Sorprende que tengan que venir de fuera para entender tan bien la Real cuando algunos de los de aquí parece que la defienden de una forma mucho más timorata. Granero ha dado el último ejemplo, pero los hay recientes. Canales, precisamente con la marcha de Griezmann, despidió a Antoine en Twiiter diciéndole que "por lo menos ya sabe que hay dos partidos que no va a ganar". Y por seguir con el ejemplo del Atlético de Madrid, permanece en el recuerdo la defensa que hizo Bernd Krauss cuando el equipo madrileño quiso mover ficha por Kovacevic en la temporada 1998-1999, amparándose en una cláusula que entonces se dijo que había en el contrato del delantero y que le daba facilidades para salir si era a un equipo de una selecta lista de clubes europeos, como la Juventus, al que finalmente se marchó. "El Atlético no es un grande", sentenció Krauss cuando se le preguntó por este tema.

No lo es, además, en el sentido que quienes pasan por la Real han de darle a este club. No se puede demostrar más cariño que el que sintieron en Anoeta Illarramendi, Bravo y Griezmann. Y por los baremos que exhibe Futre no hay obviamente en España tres equipos más grandes que Real Madrid, Barcelona y Atlético. Pero los tres han perdido mucho marchándose de la Real, y así es como lo siente Granero, como lo siente quien firma estas líneas y como lo siente mucha gente más. Quienes hemos nacido con el gen txuri urdin no podemos menos que agradecer a Granero no ya sus palabras sino su sentimiento, porque recuerda que el fútbol es mucho más que el dinero que mueve. Pero a veces queda esa espina clavada de que dé la impresión de que precisamente quien es realista desde la cuna se conforme con que las estrellas que juegan en la Real tengan que marcharse a un grande para dar ese salto de calidad. Se equivocan, porque quien llega a jugar en la Real ya sólo puede dar un salto de calidad: hacer más grande a la Real. Todo lo demás es parte del negocio del fútbol en el que tantas leyendas txuri urdin no quisieron entrar nunca. Y recordarlo de vez en cuando no está nada mal.

REAL SOCIEDAD 2 - ATLÉTICO DE MADRID 1 Una Real con corazón es casi imbatible

El once que presentó Santana.
Ganó la Real al Atlético de Madrid. Ganó bien. Y ganó por corazón. Justo lo que le ha faltado en las últimas semanas, en realidad durante casi todos los partidos que se habían jugado hasta ahora en esta temporada. Ganó al subcampeón de Europa, al campeón de Liga. Y le remontó un gol. Casi nada. La victoria, sin el halo de espectacularidad que tuvo aquella, recordó a la otra que ha conseguido el equipo txuri urdin en esta Liga, la también remontada ante el Real Madrid. No hubo tanto fútbol como aquel día, entre otras cosas porque con el Atlético como rival es difícil que haya largos tramos de juego fluido sin interrupciones, pero el coraje fue el mismo. Como probablemente Asier Santana no tenga todas las claves de la victoria, del mismo modo que Jagoba Arrasate no tenía todas las de las anteriores derrotas, es difícil dejar de pensar qué pasaba en el equipo para que le faltara el corazón. Eso sólo los jugadores lo sabrán y ninguno lo confesará. Pero el corazón ha vuelto y así, con esa cualidad sumada a sus muchas virtudes futbolísticas, la Real es un equipo casi imbatible.

Santana no quiso armar una revolución, sino volver a la esencia. ¿Estaba ahí el corazón perdido? Quién sabe, pero el caso es que el resultado no pudo ser mejor para este su primer y en teoría único partido al frente del equipo. Los cambios fueron contados pero significativos. Mikel González recuperó el estatus de titular junto a Iñigo Martínez en el centro de la zaga, Carlos Martínez volvió al once supliendo a Zaldua, Granero acompañó a Markel en el doble pivote de un 4-2-3-1, Agirretxe mantuvo la titularidad en el ataque y Vela logró una libertad absoluta de movimientos dejando que Xabi Prieto cayera con más frecuencia en la banda derecha. Y aunque el resultado fuera una victoria tan necesaria en la clasificación como balsámica para el estado de ánimo, no se puede decir que el partido comenzara como hubiera sido deseable. No se produjo ese comienzo arrollador que temía el Atlético de Madrid dada la situación de la Real y los dos equipos ofrecieron un recital de balones perdidos, de imprecisiones y de centrocampismo vacío.

El partido sólo podía romperse por un gol y fue del Atlético. Un centro de Raúl García desde la derecha, defendido con poca intensidad por la Real, llegó hasta Mandzukic en el segundo palo sin que pudieran interceptarlo ni Mikel González ni Carlos Martínez. El delantero rojiblanco sólo tuvo que poner el pie, probablemente en su única acción acertada de todo el partido, para adelantar a su equipo. Era el minuto 9, era la primera acción de peligro en cualquiera de las dos áreas y, como durante toda esta angustiosa temporada, a la Real le tocaba remangarse y pelear para remontar. Empieza a ser algo inaudito que el equipo txuri urdin haya comenzado perdiendo todos y cada uno de los partidos de esta temporada a excepción del de Córdoba y que haya encajado al menos un gol en todos los encuentros. Si se cura esa herida, se curarán muchos de los males de la Real. Y ahí tiene que jugar un papel esencial Iñigo Martínez, que ante el Atlético comenzó realmente mal, errando en un par de despejes y a veces mal colocado y que acabó demostrando en la segunda mitad la jerarquía que se espera de él.

Con el 0-1 es cuando verdaderamente se notó el cambio en la Real. Lo que con Jagoba era un desánimo y una pesadez en las pierdas a veces inverosímil, por su culpa, por la de los jugadores o por una mezcla de ambos, en este partido de la interinidad de Santana se convirtió en pelea, orgullo y corazón. Los balones divididos era de la Real. Su centro del campo era mucho más fuerte que el del Atlético, insistiendo en la idea de que es precisamente su fortaleza y rocosidad lo que ha llevado a los de Simeone al punto en el que están. Y en ataque se veía a un Vela más que dispuesto a retomar su papel de estrella de este equipo. Tras un buen cabezazo de Agirretxe que se marchó fuera por poco y que mostró que la Real tenía la disposición de levantarse del golpe que supuso el 0-1, fue precisamente el mexicano quien hizo el empate sólo cinco minutos después del tanto que abrió el marcador. Uno de sus disparos de rosca, sensacional, se coló en la portería sin que Moyá pudiera evitarlo. Un auténtico golazo, de los de estrella, de los que cabe esperar de Vela, producto de la calidad que tiene la Real y que se deja ver con facilidad cuando los once jugadores ponen sobre el campo el corazón necesario.

Ya con el empate comenzó el show de Alvarez Izquierdo, un árbitro lamentable, incapaz de controlar un partido, que pita muchas veces sin tener ni idea de lo que está sucediendo y que tan pronto te puede hundir un partido como facilitártelo. Lo primero que hizo fue omitir un penalti clarísimo de Godín sobre Vela. Y aún peor, mostró tarjeta amarilla al mexicano. No se han visto piscinazos rivales en Anoeta sin amonestación como para que encima haya castigo disciplinario en el caso de un realista. Luego comenzó su show de tarjetas, y ahí, salvo la que sacó a Yuri claramente para compensar por una faltita inocente y nada peligrosa, al menos sí mostró firmeza ante las acciones del Atlético. Arda y Juanfran vieron la amarilla en la misma jugada, el primer por golpear y el segundo por protestar. Eran los mejores minutos de la Real en mucho tiempo, con un Granero dominador en el centro del campo, sensación de peligro en ataque y cierta solidez atrás, sólo rota por una salida en falso de Zubikarai ya en el último minuto de la primera mitad que Godín aprovechó para cabecear alto.

Antes de eso, Agirretxe había dispuesto de una ocasión clarísima. Demostró su categoría como delantero en una pillería para captar un pase atrás de Miranda y regateó con elegancia a Moya, pero su disparo a puerta vacía fue bastante malo y Godín llegó a tiempo de sacarlo, muestra de la poca confianza que tiene ante la portería contrario. Poco después, un centro con la zurda de Carlos Martínez, que no ha perdido su entusiasmo en este periodo de suplencia, acabó envenenándose y Moyá lo tuvo que sacar con los puños. El descanso, pese a su postrera ocasión, fue una suerte para un Atlético de Madrid que perdió por completo su solidez ante los arrestos de la Real. Y con el comienzo de la segundad mitad el partido se puso muy de cara para los realistas. Siqueira vio dos tarjetas amarillas en un intervalo de tres minutos, la primera por una plancha violenta sobre Xabi Prieto y la segunda por una siega a Vela tan clara que parecía mentira el nivel de protesta no sólo en el lateral rojiblanco sino en buena parte de sus compañeros, sobre todo un Raúl García que también vio la amarilla y que por insistencia se acabó jugando hasta la expulsión. Esa segunda amarilla, por cierto, se sacó por las protestas de los realistas que tanto se han echado en falta en otras ocasiones.

La Real se encontró, por fin, un panorama alentador en el partido. De menos a más, habiendo solucionado el problema que supone un gol en contra, siendo mejor que el rival y, además, gozando ya de superioridad numérica. Y mantuvo el corazón necesario para que un partido así se decantara de su lado, pero sorprendió el enorme paso atrás del Atlético, que se encomendó a ese empate. Los visitantes sólo tuvieron una ocasión para llevarse el partido, pero Mandzukic, completamente desmarcado y con toda la ventaja del mundo tras una buena jugada de Ansaldi por la izquierda, envió el balón fuera. Antes de eso, el propio delantero rojiblanco puso en aprietos al colegiado, al arrollar a Vela, golpeándole con el hombre en la boca y partiéndole el labio. La jugada se produjo dentro del área, el penalti era más que sancionable, pero por segunda vez en el partido Alvarez Izquierdo miró para otro lado. Y lo hizo incluso en una tercera ocasión, cuando una mano de Ansaldi se fue al limbo. Si es mano o no tendrían que aclararlo los árbitros de una vez por todas, porque ese mismo penalti se ha señalado esta misma jornada y no precisamente en Anoeta.

Esos minutos, embarullados, llenos de polémica y con un rival que gusta de estos escenarios revueltos, fueron los más complicados para la Real. Santana había introducido un primer cambio que no modificaba demasiado el escenario, colocando a Zaldua para jugar por la banda izquierda en lugar de Yuri (al que, eso sí, protegía de una segunda amarilla dentro de la locura de Alvarez Izquierdo), y tardó lo indecible en volver a mover al equipo. Ese fue el punto más débil de su primer partido en el banquillo de la Real. Quizá vio que con lo que había se podía ganar, pero la chispa de Hervías, la calidad de Zurutuza o más madera con Finnbogason eran opciones muy válidas. En esos minutos, la Real no tuvo demasiadas ocasiones de gol. Vela intentó repetir su gol pero esta vez Moyá si llegó a atajar la pelota. Pero el 2-1 acabó llegando de la manera más clásica. Zaldua, a pierna cambiada, centró con rosca hacia el corazón del área y allí Agirretxe, ayudado por la lejana marca de Miranda, conectó un espléndido cabezazo, muy suyo, ante el que nada pudo hacer el guardameta rojiblanco. Su celebración, señalándose el escudo, todo un síntoma de lo que significaba el tanto.

Con el 2-1, que llegó en el minuto 82, la Real se marcó un objetivo claro, uno que tantas veces no ha sabido cumplir y que tantos puntos ha costado (los tres del Getafe o el de Córdoba, sin ir más lejos): que no se jugara absolutamente nada de ahí al final. Y esta vez lo logró. Entre los cambios realistas (Hervías sustituyó a un voluntarioso pero no excesivamente acertado Chory y Zurutuza en lugar de un muy merecidamente ovacionado Vela), los intentos a la desesperada del Atlético (incluyendo la entrada de un Griezmann, suplente de inicio y silbado por la afición realista cuando saltó a calentar primero y al terreno de juego después) y la habilidad de Xabi Prieto, Vela, y sobre todo Hervías para aguantar la pelota y forzar alguna falta más, no hubo nada en esos minutos. Al corazón, la Real le sumó cabeza, algo que no ha tenido en muchas situaciones de la presente temporada, y el Atlético se desesperó con la intensidad txuri urdin y con la ausencia de respuesta futbolística por su parte. El triunfo se quedó en Anoeta y la explosión de júbilo al final fue la que merecía una victoria tan importante como esta.

El marcador final, un valiosísimo 2-1.
No es que el triunfo saque a la Real de pobre, porque nueve puntos en once jornadas sigue siendo un resultado escaso para el potencial de la plantilla txuri urdin incluso aunque se dé el salto a una nada segura decimoquinta posición, pero es un alivio. La clave, obviamente, está en el corazón, en la entrega, en la lucha, porque calidad es obvio que tiene. Sus dos goles no fueron productos de la garra, sino de la categoría futbolística, pero no se puede llegar a la situación de que los mejores sobresalgan en lo que saben hacer si los once jugadores realistas no lo ponen todo sobre el césped. Esa es una máxima que esta Real ha demostrado desde hace ya muchos años, y eso lo sirvió para subir a Primera, para manenterse y para llegar al olimpo futbolístico de la Champions League. Si recupera ese aspecto de su juego y lo mantiene con frecuencia con el nuevo entrenador, puede que la temporada todavía no esté tan perdida como lo parece ahora mismo, con una desventaja de doce puntos con respecto a los puestos europeos. Pero obviamente el camino a seguir es este.

sábado, noviembre 08, 2014

PREVIA Real Sociedad - Atlético de Madrid. La competición no entiende de misericordia ni interinidades

Xabi Prieto marcó el insuficiente gol de la temporada pasada.
Tras el cese de Jagoba Arrasate, la Real estrena entrenador de una de las maneras más peculiares que se recuerda. Asier Santana dirigirá el encuentro ante el Atlético de Madrid (domingo, 21.00 horas, Anoeta, Canal +) para regresar de nuevo al Sanse cuando el nuevo técnico comienza su trabajo y que así aproveche el parón de la Liga para tener tiempo de preparar al equipo a su gusto para la visita a Riazor. Pero la competición no entiende de misericordia y el Atlético, vigente campeón, no parece un rival adecuado para una situación de como ésta. La necesidad no entiende de atenuantes ni interinidades. Habrá que ver cómo responden los jugadores, los mismos que llevan tres semanas seguidas fallándole en el campo al ya sentenciado Arrasate, y si tiene la capacidad motivadora que se le presupone por su activo papel en los partidos del filial realista. La competición no va a esperar a que la Real tome decisiones de mayor calado y puntuar es imprescindible, con o sin entrenador definitivo, sea el rival el Atlético de Griezmann o cualquier otro equipo.

A la espera de conocer su once, la situación de interinidad, plenamente asumida como un servicio al club, no le ha impedido a Santana tomar decisiones importantes ya desde su convocatoria. Lo curioso es que el técnico del filial disponía de todos los jugadores de la primera plantilla, algo que no sucedió nunca con Arrasate, y por eso han tenido que ser cinco los descartes, más Bardají, que vuelve al Sanse una vez recuperado Rulli. El guardameta argentino en una de las tres novedades en la lista, junto con Carlos Martínez y Xabi Prieto, que ha superado una semana entre algodones al igual que Iñigo Martínez. Los descartes, además del ya habitual Estrada, son Elustondo, De la Bella (ambos recién salidos de una lesión), Gaztañaga (quizá lo más sorprendente, teniendo en cuenta que fue un jugador fundamental y capitán en el Sanse de Santana) y Canales (que pasa de la titularidad a la grada). Hervías, de lo mejor en los dos últimos partidos de la Real, se mantiene con el primer equipo.

Obviamente, el once de Santana es una incógnita y no hay referencias válidas para aventurar un grupo de elegidos, pero por lo publicado durante la semana sobre sus entrenamientos da la sensación de que recuperará un 4-2-3-1 más reconocible para la Real de los últimos tiempos, en el que Zubikarai estará bajos palos. En la defensa persiste la duda de quién acompañará en el centro a un Iñigo Martínez recuperado, Ansotegi o Mikel González, mientras que los laterales parecen para Yuri en la izquierda y Zaldua en la derecha, aunque ahí no es descartable la entrada de Carlos Martínez. Markel y Granero parece que ocuparán el doble pivote, con Pardo en la recámara. Zurutuza y Xabi Prieto optan a la mediapunta, Vela es fijo por la derecha, Chory y Hervías pugnan por el flanco izquierdo y parecer ser que Agirretxe parte con ventaja con respecto a Finnbogason. Rulli se sentará en el banquillo, volviendo al grupo tras recuperarse de la lesión sufrida en Krasnodar.

La Real arranca la jornada en puestos de descenso, a los que cayó por primera vez en la era Arrasate la pasada semana. Concretamente, el equipo es penúltimo con seis puntos, dos por debajo de la línea que marca la salvación, ahora en manos del Elche, y apenas uno por encima del colista, el Córdoba. El Atlético de Madrid es tercero con 23 puntos, a sólo uno del líder, el Real Madrid. Si la Real sólo ha ganado un partido en lo que llevamos de Liga, ante el Real Madrid, el Atlético sólo ha perdido uno, ante el Valencia. Como local, el equipo txuri urdin sólo supera con sus cuatro puntos a Almería, Levante y Córdoba, y acumula ahora mismo tres derrotas en los últimos cuatro partidos jugados en Anoeta, 1-2 ante Almería y Getafe y 0-1 ante el Málaga, habiendo sumado sólo un punto en ese tramo con el 1-1 ante el Valencia. El Atlético, en cambio, es el un visitante temible que ha sumado diez puntos, sólo uno por debajo de los once que suma el Real Madrid, al haber ganado justamente al equipo blanco (1-2), Almería (0-1) y Getafe (0-1).

La estadística y la historia  favorecen a la Real. De las 62 visitas del Atlético, todas ellas en Primera División, justo la mitad, 31, acabaron con victoria realista, por los 17 triunfos que ha conseguido sacar el equipo colchonero y los restantes 14 empates. La mayor goleada txuri urdin es el 6-1 de la temporada 1951-1952, con goles de Alsúa, Barinaga, Epi, Igoa (dos) y Ontoria. Por contra, la victoria más abultada del equipo visitante el el 0-4 que consiguió en dos ocasiones, tanto en la campaña 1984-1985 como en la 2011-2013. Hay una curiosidad bastante impactante sobre las presencias del conjunto madrileño en Anoeta. No consiguió ganar en sus doce primeras visitas, entre las temporadas 1993-1994 y 2006-2007, con un balance de diez victorias realistas (las siete últimas de forma consecutiva) y dos empates, y sin embargo desde el regreso a Primera de la Real se ha llevado la victoria en los cuatro encuentros que ha disputado.

El triunfo colchonero de la pasada temporada, la 2013-2014, fue, de hecho, la primera derrota de la Real en Anoeta en el año 2013, y llegó ya en septiembre. Después de un buen inicio de partido, el conjunto realista sufrió muchísimo ante el Atlético en los dos primeros tercios del encuentro. Villa fue una constante pesadilla hasta que en el minuto 27 hizo el 0-1 adelantándose a la salida desesperada de Bravo. En la segunda mitad, la Real dio un paso adelante y para frenar su ímpetu el Atlético tuvo que emplearse sobre los límites del reglamento, algo a lo que Ayza Gámez no puso freno. Con todo, los madrileños plasmaron su superioridad con el 0-2 en una contra que culminó Koke. El partido parecía cerrado, pero una pillería de Griezmann al sacar rápido una falta permitió que Xabi Prieto recortara distancias con un trallazo a falta de veinte minutos para el final. La Real pudo empatar en ese tramo, pero Courtois hizo dos auténticos paradones, sobre todo uno a disparo de Granero, y mantuvo los tres puntos para el Atlético.

martes, noviembre 04, 2014

El Atlético de Madrid, el campeón de Liga que mejor se le da a la Real

El Barcelona, último campeón en caer en Anoeta, en la 2013-2014.
Como una complicación más para la Real en este momento tan difícil de la temporada, el próximo visitante de Anoeta será el Atlético de Madrid, el vigente campeón de Liga. En total han sido 63 los equipos que han visitado Donostia en la temporada siguiente a la conquista del título (hay que descontar la primera Liga, las dos temporadas en las que el campeón era la propia Real Sociedad y las que ha pasado el equipo txuri urdin en Segunda División) y el balance es muy poco positivo para la Real. Sólo en 17 ocasiones logró vender a un equipo que se plantó en Atotxa o en Anoeta siendo el último campeón. Eso sí, hay una clara diferencia en las estadísticas de un estadio a otro. En el viejo y ya desaparecido campo fueron 46 los partidos, con 12 victorias, 21 derrotas y 13 empates. Sin embargo, en el estadio del barrio de Amara, los datos son favorables: cinco triunfos, tres derrotas (curiosamente, las tres ante el Barcelona y las tres por 0-2) y nueve empates.

La buena noticia que deja esta estadística es que el Atlético de Madrid es, probablemente, el equipo que mejor se le ha dado a los realistas recibiéndole como poseedor del título. Han sido siete las visitas del Atlético como campeón, y en ellas hay igualdad absoluta. Realistas y colchoneros ganaron dos de esos encuentros cada uno y en los tres restantes hubo empate. En esos encuentros, además, está la mayor goleada conseguida por la Real ante un campeón de Liga en vigor, con el 6-1 que logró el equipo txuri urdin en la temporada 1951-1952, con goles de Epi, Barinaga, Alsua, dos de Igoa y Ontoria. La otra victoria fue también por goleada, el 4-1 de la 1977-1978, en una jornada histórica para Satrústegui, autor de los cuatro tantos. En el único precedente con el Atlético en Anoeta, en la temporada 1996-1997, el equipo madrileño consiguió arrancar un empate a uno. Las dos victorias rojiblancas fueron por la mínima, 1-2 en la campaña 1941-1942 y 0-1 en la 1970-1971.

El equipo que más veces ha visitado San Sebastián como campeón de Liga es el Real Madrid, nada menos que en 26 ocasiones y es, también, el que más veces ha caído derrotado con esta etiqueta, en siete de esos encuentros. El equipo madridista, además, no ha conseguido la victoria en sus últimas nueve visitas ostentando el título y nunca ha conseguido los tres puntos en Anoeta de esta forma, todas sus victorias fueron en Atotxa. Su último triunfo es el 0-2 de la temporada 1986-1987. La mayor goleada realista en estos encuentros ante el Real Madrid es el mítico 4-0 de la temporada de la imbatibilidad, la 1979-1980. El Barça ha disputado así 18 encuentros contra la Real, pero ha conseguido las mismas victorias que el Real Madrid, ocho. El equipo txuri urdin ha derrotado al catalán siendo este vigente campeón en cinco ocasiones, siendo la más clara el 3-1 de la pasada temporada. El Barcelona, eso sí, es el que ha conseguido la mayor goleada en San Sebastián en la campaña en la que defendía el título, el 1-5 de la temporada 1985-1986.

El Athletic ha jugado en Donostia tantos partidos siendo campeón como el Atlético de Madrid, siete, y sus datos son mucho mejores que los de los madrileños, puesto que los bilbaínos ganaron en cinco ocasiones y perdieron en dos, sin que se registrara nunca un empate en estos derbis. Curiosamente, la Real venció en los dos primeros (1-0 en la 1930-1931 y 3-2 en la 1931-1932) y cayó derrotada en los cinco siguientes (0-4 en la 1934-1935, 1-4 en la 1943-1944, 3-4 en la 1946-1957, 0-1 en la 1983-1984 y 1-2 en la 1984-1985). Como el Atlético, el Valencia es un equipo que no se le da mal del todo a la Real en esta estadística. Cuatro veces ha visitado así San Sebastián y hay igualdad absoluta, una victoria para cada equipo (0-2 para los levantinos en la 1947-1948, 1-0 para los donostiarras en la 1971-1972) y dos empates. Completa esta estadística el sexto equipo que ha visitado San Sebastián como campeón, el Deportivo de la Coruña. En el único encuentro de este tipo, en la temporada 2000-2001, donostiarras y coruñeses empataron a uno.

domingo, noviembre 02, 2014

TRIVAL VALDERAS 1 - REAL SOCIEDAD B 1 Un punto pese al mal partido ante el colista

El once del Sanse que presentó Santana en Alcorcón.
Dicen las máximas del fútbol que, para mirar a los puestos de cabeza de la clasificación, cuando se juega mal al menos hay que sumar, y eso lo que hizo el Sanse en su visita al Trival Valderas, protagonizando un partido de baja calidad, de mucha pelea, pero en el que al menos consiguió aguantar un empate. Sabe a poco teniendo en cuenta que el equipo madrileño es el colista del grupo, pero es más que suficiente viendo el desarrollo del encuentro. Sobre todo en la segunda parte, los locales se hicieron acreedores al triunfo, sin llegar a generar un torrente de ocasiones clamorosas pero echándole fe para llegar con frecuencia al área de Tanis. Los realistas se habían adelantado en la primera mitad con un tanto de Sanz, pero nunca supieron sacar partido de la sensación de nervios que siempre se desata en un equipo de la zona baja cuando el marcador se tuerce.

Para jugar en el césped artificial de La Canaleja, Asier Santana introdujo dos cambios en el once que superó al Fuenlabrada hace una semana en Zubieta, que había sido el mismo que también venció en Getafe una semana antes (con la única excepción de Callens, expulsado en el campo getafense). Entraron Luka Sangalli y Aitor Castro por Darlan Bispo y Eneko Capilla. Buscando un centro del campo diferente, quizá con la previsión de que el Trival Valderas trataría de hacer un partido más intenso en esa zona del campo, la Real perdió fútbol. Las llegadas de uno y otro equipo al área rival fueron muy escasas en los primeros minutos. Oyarzun probó suerte con un trallazo desde fuera del área que obligó al portero local, Kike, a despejar de puños, y Tanis tuvo que responder al disparo de Joaquín con una muy buena parada, producto de su casi siempre espléndida colocación.

Castro celebra el 0-1, tanto conseguido por Sanz.
Sin que el fútbol fuera suficiente como para pensar que el marcador iba a desnivelarse, llegó el 0-1 para la Real poco antes de la media hora de juego. Sanz, que había buscado previamente el gol aprovechando las manos blandas del portero tras un centro desde la izquierda, sí encontró el fondo de las mallas en su segundo intento, con algo de fortuna puesto que hubo un rebote en la defensa que despisró a Kike. El guardameta local, de hecho, se mostró durante todo el encuentro como el punto flaco del Trival Valderas, pero el Sanse no supo aprovecharlo y le probó demasiado poco. En el minuto 35, la siempre incansable pelea de Iker Hernández provocó un despeje defectuoso del arquero. A pesar de que Kike estaba lejos de su portería, ni Alain Oyarzun ni Aitor Castro encontraron el hueco para disparar y la ocasión, clarísima, se marchó al limbo.

La primera parte, que acabó con ese 0-1, fue bastante pobre en lo futbolístico, pero el Sanse supo defenderse con mucho acierto. Ugarte y Diarra se hartaron a cortar balones, por alto y por bajo, y Tanis apenas tuvo que intervenir. Lo hizo de nuevo en la última jugada del primer acto, de nuevo con una gran colocación, después de un pase atrás defectuoso de Oyarzun. Pero en la segunda mitad todo el entramado defensivo de Santana se fue derrumbando sin que hubiera más explicación que el ejercicio de fe que practicó el Trival Valderas en busca del empate. El gol que llevaba esas tablas al marcador llegó además de la forma más improbable, a balón parado. Ahí es donde la seguridad defensiva que había mostrado el Sanse se hizo añicos de una forma casi inverosímil. Propín logró el tanto rematando absolutamente libre de marca y en realidad rodeado de medio equipo realista, desde dentro del área pequeña. Ni Tanis salió a por el balón ni hubo un solo defensor que se percatara de la presencia del jugador local.

Propín remata solo para lograr el empate a uno final.
Con el 1-1 campeando en el marcador, tocaba hacer algo más para lograr la tercera victoria consecutiva, pero en realidad el Sanse sólo supo sufrir para que no se moviera el empate. Tanis, ahora sí, tuvo que emplearse a fondo para evitar el 2-1 en el minuto 52, sólo dos después del empate. A partir de ahí, el partido se jugó prácticamente en su integridad en la zona ofensiva del Trival Valderas. El Sanse, que no dejó nunca de lanzar balones largos que un aisladísimo Iker peleó como pudo (y, de hecho, sacó petróleo más de una vez), sólo estuvo cerca del gol de la victoria en dos ocasiones. La más clara fue un cabezazo de Elustondo que se marchó rozando el palo derecho de la portería de Kike tras un saque de banda que sorprendió a la defensa local. La segunda, una falta de la que dispuso Oyarzun a cuatro minutos del final pero que acabó estrellada en la barrera.

El Trival, por contra, sí que tuvo ocasiones de sobra para llevarse el triunfo, en el que se nota que creía mucho más que la Real. La más clara fue una falta que se estrelló en la escuadra de Tanis, pero también creó constante peligro en los muchos córners que tuvo que ceder la defensa txuri urdin. Al menos en el tramo final sí se recuperó una cierta seguridad defensiva que posibilitó que los últimos minutos no fueran un asedio del Trival Valderas. Los de Santana aguantaron el empate pero no dejaron una buena imagen en La Canaleja. No hubo mucho centro del campo, la distancia entra Iker y el resto del equipo siempre era kilométrica (salvo alguna esporádica arrancada de Castro), la pelea se impuso a la calidad y los cambios (Santana, que sorprendentemente ni siquiera los agotó, metió a Odriozola por Mugurza y a Capilla por Castro) no surtieron demasiado efecto en el juego. Pero al menos hay un punto más en el casillero del Sanse que sigue permitiendo mirar hacia arriba.